Al grito de "arrebatémosles sus banderas", el equipo de Gobierno Del ayuntamiento de Vic formado, no se olvide, por CIU, PSC i ERC ha decidido negar el empadronamiento a los inmigrantes "sin papeles" e incluso ha amenazado con poner estos datos a disposición de la policía de extranjería.
VIC es la prueba más evidente que en el ser humano convive lo mejor y lo peor. VIC fue una de las primeras ciudades en hacer políticas locales de integración con la inmigración, incluso en la escuela concertada. Por cierto con un alcalde de Unió, el amigo Codina. Una prueba más de la importancia que tienen las personas y su responsabilidad personal, más allá de las siglas. Y unos años después, VIC pasa a ser el ejemplo de todo lo contrario, de la instrumentalización política de lo peor que las personas llevamos dentro.
En el debate público se han dicho muchas cosas, comenzando por la ilegalidad de la medida aunque, como recuerda Josep Ramoneda, eso no es lo determinante. La medida sería igual de miserable y ciega si tuviera algún anclaje legal. Aunque no estará de más recordar que la normativa de empadronamiento obliga al Ayuntamiento de VIC a inscribir a todas las personas que vivan en su municipio, con independencia de su situación legal. Y que el propio Tribunal Constitucional ha considerado que reconocer a determinados derechos humanos - educación y protección a la salud - la condición de derechos sociales a la que también pueden acceder las personas en situación no legal, es perfectamente posible.
La medida además de miserable, por que juega con los instintos más miserables del ser humano es ciega. Olvida que más allá de los ciclos cortos de la economía, Europa va a necesitar y mucho de la inmigración para continuar desarrollándose durante el siglo XXI. Algunos cálculos sitúan esta necesidad en 70 millones de personas extracomunitarios.
Es doblemente ciega, porque negar el derecho a empadronamiento para negar el acceso a la educación, a la sanidad y otros servicios sociales, es tirarse piedras sobre el propio tejado. ¿Alguien ha pensado los riesgos que esta medida si se generalizara en todo el país tendría no solo para los afectados, sino para el conjunto de la sociedad ?. Que un volumen importante de personas no tenga acceso a la sanidad es sin duda una injusticia, pero también un riesgo para la salud pública.
Y lo mismo en relación a la educación. ¿Donde preferimos que estén los niños y jóvenes de familias inmigrantes? ¿En la escuela o en la calle?. Claro que siempre podemos proponer que lo que se ahorra en derechos sociales se gasta en más policia y prisiones.
Que este tipo de reacciones crezcan entre la población de la penúltima inmigración que se ve obligada a sufrir y compartir las consecuencias de la crisis con la última inmigración es explicable aunque no justificable.
Que algunos personajes de la extrema derecha lo aprovechen para hacerse un hueco en la política municipal - este fenómeno se va a reproducir en otras localidades de aquí a las próximas elecciones - se puede entender con la lógica de estos individuos.
Que algunas opciones políticas que defienden menos fiscalidad o gasto público apuesten por ello también puede entenderse des de una lógica política, que no ciudadana.
Pero que algunas fuerzas políticas de izquierda les acompañen en este tétrico viaje solo tiene una explicación. Han caído en la trampa de una estrategia política que no es nueva. La que dice que para combatir al adversario político no sirve tener ideas o banderas propias, distintas y alternativas. Si no que lo mejor es optar por "Arrebatarles las banderas", aunque como en este caso sea a la extrema derecha xenófoba.
Alguien podría decir que esta es una actitud local y que algunas fuerzas políticas a nivel de Catalunya se han desmarcado de la medida. Es verdad, pero solo una parte de la verdad, primero porque dejan hacer y todos recordamos casos menos importantes en que la disciplina de siglas se impone.
Y porque los dirigentes de estos partidos en VIC hacen a nivel local lo que han visto hacer a sus mayores en otros temas también de gran trascendencia.
Cuando la derecha propone legalizar los conciertos educativos con las escuelas de elite que segregan a los niños por razón de sexo, algunas fuerzas políticas deciden acompañarles en el viaje para no dejar esta bandera en manos de los otros. Cuando la derecha decide lanzar una verdadera cruzada contra la fiscalidad progresiva i progresista, algunos partidos corren a adelantarles "por la derecha" para no dejarles a los otros estas banderas. En estos casos se hace para no perder pie entre las clases medias. Ahora en VIC las banderas que se quieren arrebatar ya no son las del centro derecha, si no las de la extrema derecha xenófoba y en este caso para no perder pie en el voto de los sectores populares.
Hay montañas de argumentos morales y legales para rechazar esta medida, pero entrando en el juego en que algunos han entrado, el del cálculo político, hay también argumentos para no caer en la trampa.
¿Alguien piensa que renunciando a las ideas propias y intentando arrebatar las banderas a los otros se gana electoralmente? Hace casi un siglo, Gramsci nos explico que sin batalla de las ideas no se ganaba ninguna apuesta política. Hace menos años, un tal George Lakoff, un socio lingüista que asesora a los demócratas nos lo ha recordado, con aquello de la importancia de fijar los marcos, el terreno del debate político en tierras propias.
¿ Imaginamos por un momento a Obama intentando ser Presidente de los EUA con las banderas de Bush?. Por lo que parece algunos creen que si. En breves meses tendremos la respuesta.