Cuando todo el mundo habla de esta crisis como la del 'desconocimiento', porque nadie sabe a ciencia cierta ni sus dimensiones, ni qué entidades financieras pueden estar afectadas, nos puede pasar por alto otro tema más importante hoy, que no es otro que el tipo de respuesta que se le da. Pero para saber qué respuesta debería dar la sociedad es imprescindible saber qué ha sucedido.
Uno de los aspectos positivos que se desprende de la crisis financiera que desde los EUA se ha expandido por todo el mundo ha sido poner en evidencia algunas de las formas de capitalismo financiero carroñero que se han expandido en los últimos años.
Todo el mundo habla de las hipotecas subprime, o sea, de alto riesgo. Pero los que saben de que va la vaina me informan que la cosa tiene más miga. Comenzando por los famosos 'productos financieros derivados'. Al parecer la técnica utilizada por las entidades financieras especializadas en créditos de alto riesgo, no es sino una aplicación de la estrategia capitalista dominante hoy, la de la 'externalización de riesgos a terceros'. Por lo visto, lo que hacían con estos créditos de escasa fiabilidad era trocearlos, mezclarlos con otros tipo de créditos o productos financieros, empaquetarlos como productos financieros derivados - de ahí el nombre - y colocarlos en los mercados de capitales a otras entidades que los compraban por su alta rentabilidad - al menos hasta anteayer -. Y así comenzaba la rueda, en la que en principio cada transacción era una expectativa de negocio, que en algunos casos han proporcionado alta rentabilidad, aunque ahora estén provocando grandes desastres.
En la práctica se ha creado un mercado financiero mundial opaco, paralelo al mercado financiero tradicional, que no está sometido a ninguna regulación y que ha sido opaco incluso para los accionistas poseedores de acciones de las entidades poseedoras de estos 'productos derivados' y para los propios mercados de valores. De hecho, se han utilizado los mismos mecanismos que utiliza la economía mafiosa, pero con una diferencia, y es que el dinero negro o criminal de las mafias - las reconocidas como tales - en algún momento se blanquea. Y en el caso que nos ocupa, este mercado financiero nunca se ha blanqueado, ha permanecido oculto a cualquier conocimiento, transparencia o regulación. Pero como la idea se ha demostrado como una impresionante máquina de hacer dinero, pues todo el mundo callado. Bien, todo el mundo no, porque ha habido quien incluso desde dentro mismo del corazón del sistema capitalista ha llegado a calificar estos productos como las 'verdaderas armas de destrucción masiva del siglo XXI'. A estas formas, más que capitalismo financiero, le podríamos llamar capitalismo carroñero.
La cosa no queda aquí, porque en paralelo y aprovechando la inmensa liquidez de los mercados de capitales -liquidez artificial comos se está comprobando - y aprovechando los bajos tipos de interés, especialmente en España y ahí esta parte del milagro económico español, que ha consistido en atraer capital de todo el mundo - blanco, gris, opaco, negro o rojo, por manchado de sangre -, para invertir especulativamente, han parecido las rapaces financieras.
Me estoy refiriendo a las diferentes modalidades de Fondos de Inversión (Hedge Funds o Private Equity) que se han lanzado a la compra de empresas de todos los sectores, las han exprimido y luego las han soltado de nuevo al mercado, no sin antes despacitalizarlas, conseguir grandes beneficios y en algunos casos dejarlas en situación de insolvencia. El sistema es más sencillo de lo que parece, las compras las hacen no con recursos propios, sino con apalancamiento financiero - créditos de entidades financieras, que después se endosan a las cuentas de las propias empresas compradas a través de mecanismos múltiples, como primas de emisión u otras, para después vender los activos de las empresas, muchas veces en un mercado inmobiliario especulativo al máximo y con los resultados de las ventas de activos se devuelven los créditos y se obtienen altísimos beneficios. Eso sí, a cambio de dejar la empresa comprada en ascuas, exprimida y además en situación de práctica insolvencia o quiebra. Por supuesto el resultado es ajuste de plantilla y pérdida de tejido económico productivo.
Ante esta situación el sindicalismo debiéramos ser algo más que observadores de lo que pasa o notarios de las crisis. De hecho, algo se está moviendo, porque en un reciente Comité Ejecutivo de la Confederación Sindical Internacional - el sindicato global de reciente creación - se ha aprobado una resolución exigiendo mecanismos de regulación a nivel mundial.
En cambio no parece que las cosas vayan a evolucionar por estos derroteros, más bien el contrario. Todos los ultraliberales del mundo, contrarios a la intervención pública en los mercados cuando se trata de políticas para reducir la pobreza, están exigiendo la intervención , se nos han convertido de golpe en intervencionistas, para evitar la caída de las entidades financieras y las economías - dicen - de los países afectados. Si eso sucede, se estarán sentando las bases para que este estilo de capitalismo financiero carroñero se instale con facilidad en el globo, porque si cuando las cosas van bien los beneficios se privatizan y cuando van mal las pérdidas se socializan, el resultado es obvio.
Por eso es tan importante levantar una voz global que exija que la salida a esta situación pasa por nuevas regulaciones internacionales.
La Jornada de movilización mundial del día 7 de octubre sería una buena oportunidad para ello. Porque los objetivos marcados por la CSI para el 7 de octubre: los objetivos del milenio de las NNUU, el trabajo, digno, acabar con la explotación laboral de la infancia o incluso la libertad sindical, son difíciles de alcanzar si no se avanza en la regulación mundial de los mercados. Ya sé que puede sonar a utopía, pero hay que comenzar a recorrer el camino para llegar algún día. De hecho algunos lúcidos capitalistas ya han comenzado la reflexión. Como veis la historia se repite, doscientos años después, solo que ahora la aldea es global.
PD. Com podeu comprovar, en aquesta ocasió he utilitzat en el comentari una llengua diferent a la que utilitzo normalment, el català. És una manera d'incentivar la participació d'alguns companys, entre ells els col·legues del Gabinet Tècnic Interfederal de CCOO, amb qui mantinc una fluïda comunicació i que tenen el detall de posar-me al dia de les moltes 'carronyeries' amb les que es troben, darrera d'alguns aparents Expedients de Regulació d'Ocupació, semblen ERES, però no ho són, són flagrants insolvències provocades per 'rapaços' Fons d'Inversió.