divendres, 22 de maig de 2020

LA LEY DE LA GRAVEDAD EN POLÍTICA


Aquí us deixo l'article publicat a el.diario.es sobre un dels moments més desconcertants de la acció política del Govern espanyol. 

Quan estaba fent el més díficil, al meu entendre força bé, es complica la vida innecessariament en una jugada tacticista que no mira més enllà de 2 minuts i de 2 metres. Inflingeix un cop fort a la concertació social, que caldrà recuperar. 

https://www.eldiario.es/zonacritica/ley-gravedad-politica_6_1029657065.html



No dejan de sorprenderme los actos políticos que ignoran la ley de la gravedad. Me refiero a esa gran fuerza gravitatoria que atrae a la política hacia la realidad y la obliga a permanecer pegada al terreno que se pisa si se quiere andar. Se puede olvidar si no se tienen responsabilidades pero hacerlo cuando se está en el Gobierno suele tener consecuencias letales.
Son muchos los factores que explican la lógica de la ley de la gravedad en política pero el más importante sin duda son los votos y los escaños –propios y ajenos- o sea la correlación de fuerzas parlamentarias.
Aunque no solo, también inciden otros vectores de fuerza económicos, lo que algunos llaman las leyes del mercado. Los que no compartimos la idea de mercantilización de la sociedad, de los derechos y de la propia noción de ciudadanía, preferimos seguir a los clásicos y hablar del desarrollo de las fuerzas productivas y su incidencia en la configuración de las relaciones sociales.
No hace falta ser un experto en Gramsci para saber el papel que también juega la hegemonía cultural. Que entre otras cosas explica como en España, sin disponer de grandes mayorías políticas de izquierda, se ha conseguido aprobar leyes muy avanzadas en materia de género y derechos civiles.
Todos estos pensamientos me asaltaron al escuchar la noticia del acuerdo entre el PSOE, Unidas Podemos y Bildu, en el que anunciaban el compromiso –que ya recoge el programa de los socios de gobierno- de derogar de manera íntegra la Reforma Laboral del 2012 y además hacerlo en un tiempo récord. Mi primera reacción fue la de pensar que algún periodista se había liado, luego me decanté por creer que era algún spin doctor o un vicioso del regate en corto el que se había hecho un lío. Y al final he acabado convencido de que soy yo el que no entiendo la lógica de la política gaseosa.
Saber qué ha pasado tiene su morbo, da juego para las tertulias y anima algunos debates políticos de vuelo gallináceo, pero haríamos bien en no perder de vista el núcleo de la cuestión. ¿Qué hacer con la Reforma Laboral del 2012 y cómo hacerlo? Creo que la ley de la gravedad de la política nos ofrece algunas pistas.
Me parece ver que esa ley de la física nos indica que al Gobierno le interesa no despegarse ni un milímetro de la concertación social con sindicatos y organizaciones empresariales. Un proceso que hasta ahora ha dado buenos resultados para el país, con la subida del Salario Mínimo Interprofesional y el acuerdo sobre los ERTEs. Y que ha conseguido evitar que la CEOE haga de infantería en la estrategia de acoso y derribo puesta en marcha por las derechas. El Gobierno haría bien en mimar la concertación social, que no puede ser una mascarilla de quita y pon, y tratarla como lo que es, la joya de la corona de la estabilidad, no solo la suya, sino la del país, que es más importante. Me atrevo a decir que en estos momentos puede ser tan importante como el BOE que no siempre tiene la capacidad de transformar la realidad como saben mis amistades juristas.
También me parece intuir que al Gobierno le interesa mantener un vínculo fuerte con el PNV, que puede ser mayor después de las elecciones en Euskadi. Una opción que sin duda tiene su precio aunque igual sale más caro no pagarlo.
Al Gobierno le interesa, creo, arrancar a Ciudadanos de la órbita gravitatoria de las derechas, Arrimadas igual no acaba en la órbita de Neptuno pero hay que impedir que se sitúe en la de Mercurio. Para ello hay que hilar muy fino porque Ciudadanos ha visto reducido su peso parlamentario, pero igual eso lo hace ser más ágil y flexible.
Al Gobierno no le sobran socios y hace bien intentado conservar a ERC, pero mucho me temo que en estos momentos los republicanos han quedado atrapados en la órbita de los neo-convergentes de la que no saben escaparse. Además, el independentismo catalán ignora tanto el concepto de correlación de fuerzas que ha llegado a creerse su propia ficción de estar fuera de cualquier campo gravitatorio, lo que los deja aparcados en el arcén de la política.
La ley de la gravedad también consiste en entender que la realidad socioeconómica de hoy no tiene nada que ver con la anterior a la pandemia. Por supuesto no se trata de renunciar a revertir la reforma laboral del 2012, pero ese no puede ser el único objetivo hoy, porque en estos ocho años han pasado muchas cosas y han aparecido nuevos problemas laborales que hay que abordar – como las empresas de plataforma. Además, la crisis del coronavirus nos ha movido a todos el terreno de juego. Los objetivos continúan siendo los mismos pero los caminos para alcanzarlos van a ser distintos y los obstáculos mayores.
Creo que mirando al futuro puede haber un espacio de entendimiento que aborde algunas de las perversas consecuencias que tuvo la Reforma Laboral del 2012, especialmente en el terreno de la precariedad, la desigualdad social y la ineficiencia empresarial. Y que deberían interesar a trabajadores y también a las empresas serias para intentar superar esta gran catástrofe.
Por citar algunas, las que han deteriorado la negociación colectiva dotando al convenio de empresa de prioridad sobre el sectorial, que solo ha servido para promover dumpings empresariales piratas. O los que han incentivado una externalización productiva vía subcontratación que agrava la precariedad y es profundamente ineficiente en términos empresariales.
Tres millones y medio de personas en situación de suspensión temporal de empleo no es una anécdota insignificante, como no lo es el impacto que la crisis del coronavirus está teniendo, y va a tener aún más, en la viabilidad de muchas empresas y sectores enteros.
Tampoco parece baladí los esfuerzos realizados para dar protección al desempleo a personas que nunca antes habían sido protegidas, como los autónomos. O la próxima creación de una red de seguridad de último recurso, el Ingreso Mínimo Vital. En estos momentos el país tiene necesidades que superan en mucho las capacidades de la política y una de las primeras reglas del buen gobierno es saber escoger prioridades.
A un servidor le gustaría que todos estos factores no condicionaran la derogación de la Reforma Laboral del 2012. Por cierto, la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz ya dijo, antes del coronavirus, que era impensable que se pudiera concretar en un solo momento político y legislativo. Pero mis deseos chocan con la ley de la gravedad y también con las matemáticas parlamentarias. Para hacer algo es muy importante querer, pero no siempre querer es poder.
Estoy convencido de que estas reglas básicas de la ley de la gravedad las tienen muy presentes todos los miembros del Gobierno, lo cual no es incompatible con la necesidad de marcar perfil propio y usar la gesticulación política, siempre claro que no sea jugando con las cosas de comer.
Llegados a este punto he de reconocer que hay un factor que se me escapa.
¿Qué sucede cuando algún actor político, convencido de su gran habilidad, decide abusar del dribling como hacen algunos futbolistas?
Todos hemos visto alguna jugada de estas en las que al final el habilidoso jugador tropieza con la pelota y termina cayendo solo al suelo. Lo que hasta ahora no había visto, al menos yo, es un equipo con varios jugadores habilidosos a los que les encanta driblarse entre sí.
En todo caso, tengo el convencimiento de que al final el resultado de lo que pase va a depender más del conjunto de vectores que configuran en estos momentos la ley de la gravedad de la política española y europea que de las anécdotas de estos días.

UNA GRAN OPORTUNIDAD

Amb una mica, massa, de retard comparteixo l'article publicat a @eldiario.es el passat 13 de maig sobre les possibilitats que obre la crisi del coronavirus per promoure canvis en la composició sectorial de l'estructura productiva d'Espanya


https://www.eldiario.es/zonacritica/gran-oportunidad_6_1026857323.html 

Me van a permitir que, en medio de tanta incertidumbre, comparta un súbito, que no irreflexivo, ataque de optimismo.
En el gris horizonte me parece vislumbrar una oportunidad para avanzar, aunque sea lenta y parcialmente, en el tan deseado cambio de modelo productivo, ese mantra que perseguimos desde los años 80 del siglo pasado.
Hasta ahora todos los proyectos se han quedado en brindis al sol, derrotados por la fuerza de unos incentivos económicos que nos han arrastrado en dirección contraria. España ha construido una de las patas de su desarrollo económico aprovechando sus peculiares reservas de "oro negro" que en algunos momentos se han convertido en lo que el economista venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo llamó los "excrementos del diablo".
Disponemos en abundancia de sol y suelo – sobre todo a partir de las políticas liberalizadoras puestas en marcha durante los gobiernos Aznar por Álvarez Cascos. De los mercados globales nos llega abundante capital, buscando y obteniendo elevadas rentabilidades. Completa el círculo un mercado global de trabajo que aporta contingentes importantes de mano de obra con un bajo coste laboral- a pesar de ser personas que en muchos casos disponen de buena formación.
Esta peculiar combinación ha sido nuestro particular "mal holandés", es una de las claves de la orientación sectorial de nuestro tejido productivo. La inversión turística y la inmobiliaria que le acompaña han captado y atraído gran parte de las inversiones cuya elevada rentabilidad ha desincentivado cualquier cambio de modelo productivo. Es cierto que el sector ha sabido promover una diversificación de la oferta con la promoción de turismo cultural, de naturaleza, científico o de negocios lo que ha aumentado la calidad del sector pero también su peso en nuestra economía.
El retorno económico de las inversiones en el sector turístico y muy especialmente en el anexo inmobiliario – muchos proyectos han tenido como gran impulsor la especulación- han superado de largo los de cualquier otra inversión, especialmente las industriales. Además, es un sector que combina grandes proyectos globales con microinversiones de autónomos que han propiciado un tejido empresarial de microempresas muy frágiles. Se trata de un proceso en el que han confluido algunos de los puntos débiles de nuestra economía: desequilibrada estructura sectorial, monocultivos territoriales y microempresa. Y que explica muchas cosas, entre ellas, la fuerte precariedad del trabajo.
No formulo ninguna crítica de matriz judeo-cristiana a la maldad de nadie, simplemente quiero constatar que durante muchas décadas la abundancia de sol, suelo, capital global y ejército de reserva de mano de obra mundial han configurado un cóctel perfecto de incentivos económicos, mucho más poderosos que cualquier programa de gobierno, con resultados no siempre deseables.
La historia esta llena de este tipo de episodios que explican algunos de nuestros trances históricos. Lo explica Gonzalo Pontón, en su libro La lucha por la desigualdad citando a Jordi Nadal que, al referirse a los diferentes procesos de industrialización en Europa, dejó escrito: "a comienzos del siglo XVIII la industria española presentaba un gran atraso técnico y organizativo y ofrecía una competitividad escasa; el capital comercial no invertía en ella porque contaba con salidas más rentables en el tráfico de Indias".
Aún es pronto para saber hacia dónde se van a mover las disrupciones provocadas por la crisis del coronavirus, pero me parece entrever que una de sus consecuencias puede ser que se resquebrajen algunos de estos incentivos perversos. De momento, hay indicios de que los cambios en los hábitos sociales forzados por esta pandemia pueden incidir tanto en la cantidad como en el tipo de servicios turísticos demandados. Por supuesto se trata de un sector económico que va a continuar siendo clave para España pero quizás con un volumen de actividad menor.
Una mala noticia para muchas personas y muchos territorios que viven de este sector y que nos sitúa como país ante una encrucijada de caminos. Reconstruir lo que teníamos, agarrándose a lo conocido, es siempre una tentación muy grande, pero que no parece tener viabilidad. Por eso quizás valga la pena aprovechar la confluencia de factores no previstos para promover un reequilibrio de nuestro modelo productivo. A favor nuestro tenemos no solo el cambio de la demanda turística, sino la pérdida de peso de algunos de los componentes de nuestro peculiar "oro negro".
De los cuatro incentivos, uno de ello se mantiene intacto, el sol – por simplificar-; otro, el suelo, puede ser modulado por políticas públicas sobre todo si se reduce la rentabilidad obtenida por los capitales globales. No será una opción pacífica como comprobamos por las propuestas formuladas ya por las derechas para aumentar la disponibilidad de suelo urbanizable y el consumo de territorio.
Un viento de cola propicio a estos cambios puede ser la menor presión que ejerza el mercado de trabajo en los próximos años. De un lado, las previsiones demográficas apuntan a una reducción significativa de las cohortes de nativos en edad de incorporarse al empleo. De otro, los flujos migratorios también pueden reducirse como consecuencia de la pandemia y la crisis económica que le sigue. No olvidemos que el verdadero efecto llamada de la inmigración no es el de la ley, sino el de las necesidades de una parte de la población mundial y las de la economía del país receptor.
En resumen, menos oportunidades de inversión para el capital global, una menor incorporación de jóvenes al mercado de trabajo y de la inmigración nos ofrece un escenario que da un mayor margen a la política para incentivar una reconducción de las inversiones hacia otro modelo turístico y otros sectores productivos.
Todo esto puede sonar al cuento de la lechera, pero no deberíamos despreciar esta oportunidad. Recuerden que durante la gran recesión España aumentó su capacidad exportadora, tanto en número de empresas, como en volumen y calidad de bienes exportados, hasta el punto de mantener e incluso aumentar nuestra participación en los flujos exportadores globales.
Marcando todas las distancias, debemos afrontar este proceso con la misma lógica, la de aprovechar la crisis derivada de la COVID-19 para promover cambios en nuestra estructura productiva.
Soy consciente de que el papel –también el digital- lo aguanta todo y la vida es un poco más compleja. No va a ser fácil porque estas transiciones tienen costes muy importantes que además se distribuyen de manera injusta en términos sociales y territoriales. Mientras, el capital global buscará y encontrará otros yacimientos de inversión. Las personas, especialmente si tienen carencias formativas, pueden sufrir mucho y los territorios, que no pueden moverse como el capital, también.
Una de las principales responsabilidades de los poderes públicos es acompañar este cambio con recursos para gobernar de manera justa esta transición, especialmente en relación a aquellos territorios con una elevada dependencia del sector turístico. Sabemos que no es fácil, como puso de manifiesto la reconversión industrial de los años 80, en la que se consiguió proteger a las personas que perdieron su empleo, pero la transición fue más complicada en relación a su impacto en algunos territorios, como saben muy bien en Asturias.
Aceptando la complejidad del proceso creo que disponemos de una ventana de oportunidad para promover algunas discontinuidades de nuestro modelo productivo y tenemos la obligación de intentar aprovecharla. Esta, creo, debiera ser una de las prioridades de cualquier proyecto de reconstrucción socio-económica del país y de los pactos sociales que lo hagan viable.

dimarts, 5 de maig de 2020

LA CENTRALIDAD SOCIAL Y POLÍTICA DEL TRABAJO

Aquí us deixo l'article que m'ha publicat elpaís sobre la Centralitat Social i Política del Treball
Hace unos meses EL PAÍS publicó un interesante dossierEl futuro del trabajo, que hoy quizás cabría repensar y reeditar, al calor de las enseñanzas que nos deja la crisis de la covid-19. Entre estas lecciones destaca la necesidad de entender que no todos los daños que estamos sufriendo pueden imputarse al coronavirus. La covid-19 ha actuado de detonante y de acelerador de una crisis que tiene causas más profundas, derivadas de un modelo socioeconómico que hace tiempo nos envía mensajes de insostenibilidad. Pongo dos ejemplos: en el ámbito global, las consecuencias de la agresión al medio ambiente y de la intrusión humana en el hábitat natural de otros animales; en el ámbito local, la precariedad estructural de las residencias de ancianos.
Una de estas causas profundas es la cultura dominante de la externalización de riesgos, de unas clases sociales a otras, de hombres a mujeres, de empresas centrales a periféricas, de nacionales a inmigrantes, de unos países a otros, entre generaciones y de todos hacia el medio ambiente. La externalización de riesgos constituye el paradigma hegemónico de nuestras sociedades y produce el espejismo de hacernos creer que con esta estrategia los riesgos desaparecen. Sin embargo, la covid-19 nos confirma que si transferimos riesgos económicos, sociales y ambientales a otros, estos no solo no desaparecen sino que, en muchas ocasiones, nos rebotan aumentados como un bumerán. La reducción de los presupuestos sanitarios es el mejor ejemplo.
Este modelo socioeconómico insostenible se plasma también en la pérdida de centralidad social y política del trabajo, que es, no lo olvidemos, el oxígeno que genera la energía vital de nuestras sociedades. Hace escasamente unas semanas el “fin del trabajo” -por utilizar una imagen manida-o la robotización centraban muchos análisis y discursos, con bastante papanatismo por cierto. El trabajo y los conflictos que le son propios han perdido centralidad en la ideología y los proyectos de la mayoría de partidos —de babor y estribor— en beneficio de otras categorías y conflictos vinculados a las identidades.
De golpe, la pandemia nos descubre un mundo distinto. Nos topamos con una realidad en la que destaca el valor del trabajo que llevan a cabo colectivos que hasta esta catástrofe han sido ninguneados y maltratados. Y deja al descubierto que el precio que se paga por estos trabajos no corresponde a su valor social.
Entre los aplausos al personal de centros sanitarios nos llega la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que confirma el abuso estructural de la contratación temporal en la sanidad, la política utilizada para reducir costes a expensas de precarizar las condiciones de trabajo. Y entre noticias sobre investigaciones punteras mundiales se cuela algún recordatorio de que muchos de los que dirigen estas investigaciones llevan décadas de precariedad contractual.
Quienes más sufren esa disonancia son las personas que ocupan trabajos de menor consideración social. Es el caso de las trabajadoras de la limpieza, que ahora descubrimos como esenciales para la salud pública, pero que lo son siempre, no únicamente en situaciones de huelga o de pandemia. O de quienes se dedican a la agricultura, sometidos a precios que no les permiten vivir de su trabajo; a la logística, organizada a costa del autónomo autoexplotador de sí mismo —ejemplo máximo de externalización—, o al comercio y la distribución alimentaria. No es solo el trabajo productivo el que nos recuerda su centralidad social; el despertar más abrupto lo hemos tenido en relación con los trabajos de cuidados: limpieza e intendencia doméstica, cuidados de criaturas o personas dependientes. De pronto descubrimos que eso de trabajar y cuidar al mismo tiempo es una tarea de alto riesgo y que nuestra sociedad no está preparada para hacer compatible empleo y cuidados véase el teletrabajo con los críos en casa-y que quienes lo intentan, mayoritariamente mujeres, pueden dejarse la vida en ello.
Es tal el fariseísmo existente que la CEOE ha denunciado el decreto ley 8/2020 que, de manera modesta, reconoce algunos derechos de conciliación, por considerar que pone en peligro a las empresas. Tremendo, aunque no es de extrañar en una sociedad en la que la competitividad se ha convertido en un nuevo Dios. En un país en el que su Tribunal Constitucional ha sentenciado que se podía despedir a una persona enferma en nombre de la productividad de las empresas. 
La pandemia nos descubre que los valores que ahora, en medio del impacto emocional, destacamos como vitales no son los que infunden y gobiernan nuestra sociedad. Nos revela que los trabajos de los sanitarios, de servicios sociales, de atención a las personas, de los “basurillas” de la limpieza viaria, de suministros de alimentos y muchos más que tanto aplaudimos son trabajos penalizados en salarios y condiciones de trabajo.
Y ha hecho evidente que los trabajos de cuidados ni tan siquiera son considerados como trabajo y que los discursos sobre conciliación son retóricos y se quedan a las puertas de las empresas, vigiladas por los guardianes de la competitividad y la productividad.
El futuro, que ya es presente, es un tiempo de riesgos globales para los que nuestras sociedades no tienen respuestas. Para minimizar sus consecuencias deberemos tomar buena nota de las enseñanzas que esta pandemia nos deja y trabajar para cambiar el orden de nuestros valores, del modelo socioeconómico y las políticas que los sustentan. Necesitamos poner en primer lugar la defensa de los bienes comunes, al tiempo que situamos con fuerza la centralidad social del trabajo, de los trabajos.
Que nadie espere que ese cambio de paradigma nos vaya a caer del cielo. El anunciado Pacto Social de Reconstrucción es una oportunidad para conseguir que este estado emocional, mayoritario hoy en la sociedad, no se diluya y podamos canalizarlo hacia un modelo socioeconómico más sostenible y en políticas que lo concreten. Antes de que se nos olviden las enseñanzas de la covid-19.
Joan Coscubiela es director de la Escuela del Trabajo de CC OO.

dissabte, 18 d’abril de 2020

TRES BUENAS RAZONES PARA UN PACTO SOCIAL


Aquí us deixo el meu article publicat a eldiario.es sobre 
TRES BONES RAONS per intentar un PACTE SOCIAL


https://www.eldiario.es/zonacritica/buenas-razones-pacto-social_6_1016358383.html

Més endavant, en un altre reflexió, intentaré entendre les raons dels que tenen por a avançar per aquest camí

divendres, 3 d’abril de 2020

dimarts, 24 de març de 2020

LAS ENSEÑANZAS DEL CORANOVIRUS.

Aquí us deixo una reflexió sobre les moltes lliçons que ens ofereix la crisi del coronavirus. He escollit les 10 que em semblen més significatives, però n'hi ha moltes més. Caldrà compartir mirades i reflexionar col.lectivament. 


https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31471/coronavirus-oportunidad-cambios-crisis-medidas-joan-

La pandemia del coronavirus nos está dejando importantes enseñanzas que no deberían caer en saco roto.

Algunas son muy evidentes, como la importancia del Estado y su superioridad frente al mercado para garantizar derechos básicos. Otras, corremos el riesgo de que pasen desapercibidas.
Cada uno tiene su propia mirada, pero haríamos bien en dedicar un momento a compartirlas y reflexionar sobre lo que vemos. Esta es mi particular observación, en la que se mezclan miradas globales con otras más locales.

Esta catástrofe nos brinda una gran oportunidad para abordar un cambio social de envergadura. Aunque antes tenemos que rearmarnos ideológicamente

divendres, 17 de gener de 2020

EMPRESAS: EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

Us deixo, amb una mica de retard, l'article que m'ha publicat  eldiario.es sobre el impacte negatiu que en termes productius i econòmics té la petita, quasi micro, mida mitjana de les empresas españoles. 

https://www.eldiario.es/zonacritica/Empresas-tamano-importa_6_985211488.html