dimarts, 19 de gener de 2016

GRUPOS PARLAMENTARIOS


Lo primero que aprendí al llegar hace 4 años al Congreso de Diputados es que la norma fundamental que rige la vida parlamentaria es la del precedente, interpretado eso sí a la luz de los intereses de quien ostenta la mayoría en la Mesa.

Siempre hay un precedente, lo que no significa que esos precedentes vayan siempre en la misma dirección. Más bien al contrario, hay precedentes sobre una misma norma para todos los gustos, o mejor, a gusto de quien manda en cada momento en la Mesa del Congreso. Una Mesa en la que siempre han estado PSOE, PP y CIU.

Solo comenzar la anterior legislatura, la Mesa, formada por PP,PSOE y CIU, decidió que los 7 diputados de Amaiur no podían tener grupo propio. El argumento es que no cumplían el requisito de haber obtenido el 15% en Navarra, una de las circunscripciones en la que se presentaron. Ese argumento sirvió para negarle grupo parlamentario a Amaiur, aunque la razón de fondo fuera otra. El PP y los que le acompañaron en esta decisión no querían que Amaiur tuviera voz propia en el Congreso.

Como ya se puso de manifiesto en 2011 esta decisión fue una arbitrariedad, puesto que durante muchas legislaturas se había reconocido grupo al PNV, a pesar de no alcanzar nunca el 15% en Navarra. O lo mismo sucedió en 2004 con ERC, que si pudo constituir grupo propio en las mismas condiciones en las que en 2011 se negaron a Amaiur.  

Ahora, la Mesa del Congreso, con el mismo Reglamento pero con un criterio radicalmente opuesto al de la anterior legislatura, ha decidido que ERC y Democracia i Llibertat (CDC) si puedan constituir grupo propio. Y ello a pesar de que no cumplen uno de los requisitos exigidos para ello, el de haber alcanzado el 15% en todas las circunscripciones.  En Barcelona, ERC se quedó en el 14,48% y Democracia i Llibertat (CDC) alcanzó el 13,25%

Parece obvio que al PP y al PSOE no les molesta que sus demonios independentistas de ERC y CDC tengan voz propia en el Congreso.

Las razones por las que al PP y al PSOE les interesa que ERC y CDC tengan protagonismo en el Congreso de Diputados pueden ser objeto de interpretación.

Quizás es que a unos les va muy bien que la vida política española gire alrededor fundamentalmente del debate de  la independencia de Catalunya y a otros les interesa estar a bien con esas opciones tan a menudo vilipendiadas. O quizás son las dos cosas al mismo tiempo.

Esta decisión de dar – en el sentido literal del termino- grupo a ERC y CDC choca frontalmente con la negativa a la constitución de grupo propio a las coaliciones de confluencia de Catalunya, Valencia y Galicia. En el caso de Catalunya eso significa negar la constitución de grupo parlamentario a 12 diputados/das con 928.000 votos y el 24,74% de los votantes.

El argumento utilizado – dejo a parte las mezquindades- es que estas coaliciones no reúnen el requisito de grupo propio por no haberse confrontado electoralmente con Podemos, uno de los partidos participantes en la confluencia.

Este requisito fue incorporado al Reglamento del Congreso en febrero de 1982, en plena oleada de recentralización y defensa de la unidad de España, después del golpe de Estado de 23 febrero 1081. Con el objetivo declarado de impedir que los socialistas catalanes y los vascos tuvieran grupo diferenciado del PSOE, como tuvieron durante las primeras legislaturas.

Creo sinceramente que se trata de realidades distintas, el PSC es un partido propio, pero federado al PSOE, participa en sus órganos de dirección y en sus Congresos. En cambio eso no sucede con las confluencias en relación a Podemos
 
Las confluencias no son como algunos pretenden terminales regionalizadas de Podemos. Son coaliciones de partidos diversos, entre los cuales está Podemos. Y quizás el embrión de sujetos políticos diferenciados que configuran una nueva manera de entender la política.

A un Estado plurinacional le corresponde una estructura de partidos no necesariamente simétrica en todas las naciones. Eso es lo que sucede por ejemplo en Bélgica o en Alemania, en que la estructura de partidos de Baviera, donde gobierna la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) es distinta de la estructura de partidos en el resto de Lands.    

En Catalunya la confluencia esta formada por 5 partidos (Podem, ICV, EUiA, Equo y Bcnencomú). Por cierto, uno de los participantes en la coalición EUiA, forma parte  de la estructura federal de Izquierda Unida, que se ha presentado de manera diferenciada a estas elecciones.

Pero para no referirnos solo a Catalunya, en el País Valencià, la candidatura Compromís-Podemos no es una variante valenciana de Podemos. En esta coalición participan y no precisamente de manera secundaria, partidos con personalidad propia como Iniciativa del Poble Valencià  o Bloc Nacionalista Valencià.

Catalunya, Valencia y Galicia, como sucede también con Euskadi, tienen un mapa electoral distinto al de otras circunscripciones y no permitir que se exprese es no entender la naturaleza profunda de esa diversidad que ha venido para quedarse. Y supone violentar y vulnerar el reglamento el Congreso, para ponerlo al servicio de quienes controlan la Mesa y la interpretación del reglamento.

Los obstáculos – en ocasiones en forma de mezquindades como la de disponer de más recursos económicos, o los tiempos de intervención o la prolongación de los debates -si se quisiera se podrían resolver perfectamente por la Mesa.

Ya se ha hecho en innumerables ocasiones. Por ejemplo, en la anterior legislatura, después de negar grupo propio a Amaiur, la Mesa se inventó un tratamiento específico para el grupo mixto, dando a cada partido de ese grupo algunas de las prerrogativas propias de los grupos constituidos. En especial en los grandes debates o debates de leyes importantes.

Es bastante obvio que las razones de la negativa a reconocer grupo propio a las confluencias de Catalunya, Valencia y Galicia, mientras si se reconoce a ERC y CDC no están en el reglamento.

Al PP y al PSOE no les molesta, más bien al contrario, les interesa que la “voz catalana” en el Congreso de Diputados, como a ellos les gusta llamarse, sea la de ERC y CDC. Y les molesta, por eso hacen todo lo posible para evitarlo, que se escuche otra voz catalana, la de En Comú Podem que representa al 25% de los votantes.

Como la vida tiene muchos recovecos, igual de manera indirecta y no querida, el PP y el PSOE nos están proporcionando un aliciente más, otra razón, para plantearse dar el paso de la coalición electoral a la creación de un nuevo sujeto político.

dimecres, 6 de gener de 2016

EL MANDATO DE LA CIUDADANIA

En amplios sectores de la opinión publicada se ha instalado la interpretación de los resultados del 20D como un mandato de la ciudadanía a los partidos para que acuerden y pacten. Según este análisis, esa es la explicación de unos resultados que no otorgan mayoría suficiente a ningún partido.

No comparto esta interpretación, en unos casos bienintencionada y en otros bien interesada, de los resultados. Y no porque discrepe de la necesidad de acuerdos. La política como la vida es o debería ser una combinación inteligente de conflicto y acuerdo.

El pacto deviene difícil, si no imposible, porque no forma parte ni de nuestra cultura ni de nuestras practicas recientes. No olvidemos que hasta esta legislatura los pactos no han sido necesarios para gobernar. Nuestro sistema electoral, que se presentó como garantía de estabilidad de una democracia débil, ha terminado siendo un mecanismo para garantizar el turnismo bipartidista del siglo XX. Incluso los acuerdos de PSOE y PP con CiU o PNV han sido más compromisos de autarquías mutuas que pactos de gobernabilidad.

Pero no todo es responsabilidad de la política y del sistema electoral. La ciudadanía con su comportamiento ha contribuido y mucho a la configuración de este escenario. La ciudadanía al votar lo hace con una clara voluntad de que su idea de sociedad, las propuestas que vota se impongan a las otras y se impongan en su totalidad, sin matices ni condicionantes.

La idea del pacto como traición es más fuerte que la idea de pacto como aceptación de las limitaciones propias y ajenas. Y no solo en el espacio político. Quizás porque el valor de la competitividad sea hoy más potente que el de la cooperación. Aunque para ello deba negarse que el equilibrio entre competencia y cooperación ha sido el gran hilo conductor de la humanidad.

Esta es creo la razón de la gran dispersión de voto y opciones electorales. Ni la ciudadanía ni la política queremos reconocer las limitaciones, cuando no la impotencia de la política para afrontar el poder cada vez más creciente de una economía y mercados globalizados.

Los humanos estamos poco preparados para aceptar nuestras limitaciones y menos para afrontar la frustración que supone la limitación de nuestras capacidades.

A ello contribuye que la tradicional estructuración del voto en un solo eje, el social, que en el caso de Catalunya siempre ha ido acompañado del eje nacional, ha adquirido mayor complejidad con la aparición de nuevos ejes, el que gira alrededor del binomio viejo/nuevo o el que se articula en relación al debate sobre más o menos Europa. Sin olvidar el eje no menos importante, de desarrollismo versus sostenibilidad

Les sugiero que hagan un ejercicio de cruzar todos estos ejes entre sí y los trasladen a la política española o a la más compleja política catalana. El resultado de esta complejidad es el de la aparición de una multiplicidad de espacios y opciones políticas. Y sinceramente no creo que existan tantas opciones o soluciones para abordar el gran reto del siglo XXI, que es la recuperación para la ciudadanía de la soberanía frente a los poderes de una economía y unos mercados globales.

Pero el problema no es la existencia de muchas opciones, que podría ser un signo de vitalidad política. Lo que complica la política de acuerdos pre y postelectorales es que muy pocas de estas opciones se sitúan en el escenario de buscar la transversalidad, de buscar los espacios comunes o que puedan llegar a ser compartidos.

Más bien al contrario, se produce un enquistamiento en el espacio propio, que en la medida que es la resultante de cruzar estos ejes diferenciadores resulta ser un espacio político a la par pequeño y excluyente. Y ello se produce no solo entre partidos, sino en el interior de los tradicionales partidos de amplio espectro o en las nuevas coaliciones.

El menosprecio a una propuesta transversal como la del referéndum que puede hacer de puente entre posiciones que hoy se presentan como incompatibles es un ejemplo. Como lo es también la dificultad de construir una lectura compartida de la transición y el Pacto Constitucional de 1978, que es imprescindible para llenar de contenido concreto y compartido la propuesta de Proceso Constituyente.  Sin olvidar la complejidad de la apuesta por la convivencia entre “lo viejo” y “lo nuevo” en los procesos de confluencia que están intentando sumar espacios, derribando muros.

De nuevo podemos responsabilizar en exclusiva a la política institucional, pero todo apunta que en la construcción de este escenario juegan un papel muy importante los ciudadanos y quienes de manera muy activa contribuyen a configurar su opinión y estado de ánimo, los medios de comunicación. .

De una lado la ciudadanía busca opciones que le den el máximo de seguridad frente a la incertidumbre de un mundo global. Y ya se sabe que para la condición humana la seguridad siempre viene de la mano del simplismo y no de la complejidad.

Y de otro, la seguridad en estos tiempos de incertidumbre va muy unida al reforzamiento del individualismo. A la ciudadanía solo le ofrece seguridad aquellas opciones que coinciden plenamente con su pensamiento y estado de animo.

En algunas ocasiones he tenido la percepción que vivimos en una sociedad en que cada ciudadano quiere una opción política hecha a su medida y al estado de animo de cada momento. Quienes hayan vivido o simplemente seguido de cerca la vida política catalana, pueden entender mejor a que me refiero.

En este escenario los últimos procesos electorales aportan alguna novedad que es signo de esperanza, siempre con las suficientes dosis de lúcido escepticismo.

Se resquebrajan algunas opciones que han apostado por los conflictos de bloques. Y ha aparecido de manera incipiente una reflexión en el discurso político que tiene mucha potencialidad. La que identifica la diversidad no como un problema, si no como una potencialidad.


Ojalá estemos transitando de la “destrucción creativa” a una nueva etapa de “diversidad creativa”.