dimarts, 25 de novembre de 2014

EMERGENCIA SOCIAL Y EMERGENCIA DEMOCRÁTICA


Vivimos instalados en una situación de emergencia social, que se presenta en forma de desempleo masivo, exilio de jóvenes, aumento del paro de larga duración entre mayores de 45 años, salarios a la baja, contratos precarios, incremento de los desahucios y niveles de pobreza para los que se acaban los adjetivos (energética, infantil).

Lo que hace más explosiva la situación es que la emergencia social va acompañada de emergencia democrática, con un goteo permanente de casos de corrupción. Que se produce de manera no generalizada, aunque sí sistémica, en las instituciones políticas.

Casos oportunamente denunciados por los medios de comunicación que están jugando un papel clave. Y que se producen también, incluso con mayor gravedad, en las empresas y la economía. Casos oportunistamente camuflados por los mismos medios, cada vez más condicionados por el control que sobre ellos ejercen los grandes grupos económicos.

En este contexto, el Pleno del Congreso de esta semana irrumpe de lleno en lo que son las principales preocupaciones de la ciudadanía. Esta semana el país real y el Congreso cruzan sus caminos.

Comparecerá el Gobernador del Banco de España, que aún nos debe una explicación de las razones por las que, después de 140.000 millones de euros de ayudas directas o indirectas a la Banca, ésta continúa sin cumplir su función de facilitar crédito a familias y empresas. Y las razones que justifican que España se esté convirtiendo en uno de los paraísos de la Banca en la sombra y la pista de aterrizaje de los Fondos buitres.

También comparecen el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y el Fiscal General para presentar sendas memorias, en las que se pone de manifiesto la falta de inversiones y medios para la persecución de los delitos de cuello blanco y de corrupción. Una falta de medios endémica que, junto a un procedimiento penal del siglo XIX, convierten la acción de la Justicia en papel mojado. Porque la Justicia que llega tarde, si llega, es todo menos Justicia. Y además propicia la impunidad.

En nombre de Izquierda Plural volveré a interpelar al Gobierno sobre el incremento de los desahucios, el fiasco de las leyes aprobadas por el PP y su menosprecio total al derecho a la vivienda. En nuestra retina aún golpean las imágenes de una anciana de 85 años, Carmen, lanzada de su casa y obligada a abandonar su hogar. Y unos poderes públicos que, en vez de enviar a los servicios sociales para ofrecer una vivienda, le enviaron a la policía para desalojarla. Toda una declaración de intenciones que se produce tanto en Vallecas, como en Nou Barris. Y recordaremos a la Vicepresidenta del Gobierno sus promesas incumplidas del Fondo Social de Vivienda, y su obsceno ejercicio de marketing político, un escándalo en toda regla.

En medio de esta jungla de conflictos sociales y democráticos el Pleno del Congreso de esta semana también tratara de lo que posiblemente sea la causa última de todos estos desmanes. La pérdida de soberanía política de los ciudadanos, frente a unos mercados globales de capital que han usurpado el poder político real a las instituciones democráticas.

Y este dilema democrático tendrá una imagen muy nítida. Mientras Izquierda Plural planteará la reforma del articulo 135 CE, que supuso la pérdida de soberanía fiscal del Parlamento y el sometimiento a los mercados de capitales y sus intereses, el Partido Popular nos propone que se aceleren las negociaciones sobre el Tratado Trasatlántico entre EUA y la Unión Europea, mal llamado de Libre Comercio.

El TTIP, un gran desconocido para la ciudadanía, porque el oscurantismo de las negociaciones es total y la falta de transparencia absoluta. Cuando aún no nos hemos recuperado de una crisis, que ha tenido en la falta de control político del sistema financiero global una de sus causas, los grandes poderes económicos plantean la creación de una gran área económica  sin gobierno político o lo que es peor, con mecanismos de arbitraje privados que van a condicionar y mucho la soberanía de los Estados. En definitiva un paso más, decisivo, en un modelo de globalización económica sin reglas, ni gobierno político, lo que significa sin derechos.

Quienes estén preocupados por la soberanía real de la ciudadanía, harían bien en situar las negociaciones del TTIP en el centro de sus prioridades.

Para terminar esta semana intensa, el jueves comparecerá Rajoy. Como siempre, tarde, a remolque y haciendo trampas. Nos volverá a presentar por enésima vez su programa de regeneración democrática. El mismo que ha sacado a pasear tantas veces como le han explotado casos de corrupción en su partido. El mismo que no cumple, porque no tiene autoridad moral ninguna.

En cualquier país democráticamente maduro no continuaría ni un minuto mas de Presidente del Gobierno el que al mismo tiempo es el Presidente de un partido carcomido por la corrupción.

En este contexto de emergencia social y democrática, ha irrumpido un sentimiento ciudadano de ira, legítima, que para ser útil debería comenzar por asumir que la ciudadanía no ha sido ajena a lo sucedido, ni lo es en relación al futuro.

Es imprescindible que este sentimiento de ira, que entre algunos sectores sociales ha devenido esperanza, pueda materializarse. Para ello, tan importante como provocar una ruptura nítida con las causas de esta situación de emergencia social y democrática, es no caer en la trampa de pensar que hay soluciones mágicas.

Reconstruir los espacios de soberanía de la ciudadanía no será fácil y es una batalla que no se juega solo en Catalunya o España. Por eso es importante que se produzca procesos de confluencia de sectores sociales y políticos empeñados en afrontar lo que es el gran reto del siglo XXI. Nadie por si solo tiene las soluciones ni la fuerza para ello.

Para construir alternativas, confluir no es suficiente, pero es una condición imprescindible.

dijous, 20 de novembre de 2014

CCOO, 50 ANYS, IMPRESCINDIBLES



Avui fa 50 anys uns centenars de treballadors i treballadores es reuniren clandestinament a l’església de Sant Medir en el que s’ha considerat com el moment fundacional de CCOO de Catalunya, malgrat que ja s’havien celebrat abans altres reunions i assemblees a Barcelona i al Baix Llobregat.

Pocs mesos després, el seus dirigents eren detinguts quan estaven organitzant la manifestació del 1r de Maig, que reivindicava millores laborals i llibertats sindicals i democràtiques.

Aquell fet ha marcat la realitat sindical a casa nostra i ha estat determinant per entendre la Catalunya actual.

Aquelles persones varen intuir, varen entendre la necessitat de crear noves formes de lluita per ser un instrument útil a la seva gent, a la seva classe. I varen tenir el coratge personal i col·lectiu de fer-les realitat.

La transició, avui impugnada amb crítiques justes unes i ucròniques altres, no hagués existit sense la lluita de CCOO a tota Espanya. Quasi segur que el continuisme franquista hagués durat més anys i el resultat hauria estat molt pitjor. Res era segur aquells anys, malgrat que ara sembli obvi, i tot estava per conquerir.

CCOO de Catalunya, el sindicalisme, ha estat clau en la millora de les condicions de vida de la gent, afiliada i no afiliada. Sense CCOO de Catalunya no s’entén la posada en marxa de la Renda Mínima d’Inserció a començaments dels 90, que va utilitzar la força de la vaga general de desembre de 1988. Ni existiria el dret a la jubilació anticipada, que avui és l’única sortida per als aturats de llarga durada.

Tots aquests drets que la crisis ha devaluat han estat fruit d’una manera de fer sindicalisme. Posar la força organitzada dels treballadors i les treballadores amb més capacitat de lluita al servei de les persones més febles i sense capacitat de pressió. Un sindicalisme solidari que no té res a veure amb la imatge que alguns volen construir per justificar que uns treballadors renuncien al seus drets per suposadament beneficiar als qui no en tenen, salvaguardant òbviament els interessos intocables dels poders econòmics.

CCOO de Catalunya ha estat clau en la incorporació a la societat catalana de persones immigrants de tota Espanya. Determinant en la construcció d’un model educatiu que no segrega els alumnes en funció de la seva llengua d’origen. Persones nascudes en altres indrets d’Espanya, com Cipriano Garcia o Ángel Rozas, varen ser determinants en la incorporació dels treballadors i les treballadores a la lluita dels drets nacionals de Catalunya, mentre una bona part de la burgesia i la menestralia catalana s’havia agafat unes llargues vacances en el seu catalanisme. I això ho varen fer sense abandonar el conflicte social contra els qui els explotaven, fos quin fos el lloc on havien nascut.

Aquest paper d’integració social també ha estat determinant en els darrers fluxos migratoris, ara de cinc continents. L’empresa, l’escola, l’escala del barri popular han estat clau per construir convivència i evitar conflictes socials, malgrat la vergonyosa manipulació que de la immigració han fet algunes forces polítiques.

Com sempre passa, aquells moments es recorden amb cert sentit èpic. L’èpica d’aquella estirp de titans que diria Miquel Martí Pol. I és just que així sigui perquè eren moments molt durs i calia molt de coratge.

Gràcies a aquella generació i les que varen venir després, avui la situació no requereix tanta èpica però no és menys dura per al sindicalisme, perquè incorpora la complexitat d’un moment de canvi global, de crisi generalitzada.

Empresaris sense cara, amagats darrera d’empreses transnacionals o de fons d’inversió. Empreses descentralitzades i deslocalitzades que promouen la competència entre treballadors i treballadores d’arreu del mon. Treballadors colonitzats ideològicament amb la consciència de ciutadans usuaris o clients del sindicalisme o la política. Un poder polític que exerceixen els mercats financers globals, encara que sigui a través dels testaferros dels governs.

Però darrera d’aquesta imatge de meteosat del sindicalisme, continua havent una realitat micro que s’assembla molt a la d’aquests 50 anys.

El sindicalisme de Nissan o Alstom, sempre buscant l’equilibri entre la negociació i l’acord i no deixant-se fer xantatge amb l’amenaça de deslocalització.

El sindicalisme de les dones de Carrefour del Prat o el d’aquells sectors on els fundadors de CCOO mai no haurien gosat imaginar que hi hauria sindicat, com a les empreses del cava o a les pistes d’esquí de Boí.

El sindicalisme de la neteja, de les treballadores de la llar, de les treballadores familiars, en el que a més de les reivindicacions laborals està molt present la lluita per la dignitat d’unes feines que, en la mesura que sempre han estat responsabilitat de dones, mai s’han reconegut socialment. Ara tampoc.

La llista del sindicalisme quotidià, que la societat no coneix però els seus protagonistes i beneficiaris alhora sí, seria molt llarga. Amb formes molt primàries que s’assemblen molt a les primeres expressions de solidaritat obrera a les mines. Per exemple, la tasca del CITE durant anys amb els treballadors i les treballadores immigrants.

És el sindicalisme quotidià que varen entendre i explicar molt bé l’Alejo i la seva germana l’any 2005, quan ens varen fer un dibuix preciós d’infants i una dedicatòria: “Gracias al CITE y a CCOO por haber ayudado a mejorar nuestras vidas”. Es referien a la batalla per la regularització administrativa dels seus pares.

És el sindicalisme quotidià, que no obre mai els telenotícies de TV3 ni és portada de diaris però que cada dia obre la vida de molta gent anònima, que de manera individual o col·lectiva aconsegueix millorar les seves condicions de vida.

La realitat actual és molt dura i ben segur requereix d’un nou procés de ruptura, o discontinuïtat profunda com dirien els més florentins. Segur que cal tirar per la borda rutines i conservadorisme i mantenir tot allò que defineix genèticament el sindicalisme, que és una construcció social dels propis treballadors i les treballadores com a protagonistes. 

Molts cops em pregunten per receptes de com fer-ho i com serà el futur. I la meva resposta sempre és la mateixa: sincerament no ho sé, com no ho ha sabut mai cap contemporani en els moments de canvi d’època.

No sóc tan jove com per saber-ho tot, ni tan vell com per tenir la síndrome de l’“ex” i saber tot el que cal fer, just ara quan no sóc el responsable de fer-ho.

El que sí sé és que el futur no vindrà de cap experiment de laboratori, ni de cap reflexió de tertúlia o, millor, casino. Vindrà, com el 1964, de l’acció quotidiana dels seus protagonistes. Per bé o per mal, així serà, perquè el sindicalisme només es construeix amb acció quotidiana dels seus i les seves protagonistes.

En aquests camí molts actors vells i nous són necessaris, però n’hi ha alguns que són imprescindibles. Els mateixos que ho han estat durant 50 anys.

divendres, 14 de novembre de 2014

EL TTIP I LA POSTURA DEL GOVERN ESPANYOL


Aquí us deixo un document del Govern espanyol on explica la seva postura sobre el TTIP i un parell d’articles que vaig escriure en el seu moment sobre el tema.







EL TRACTAT TRANSATLÀNTIC I ELS SERVEIS PÚBLICS.


La crisi econòmica iniciada en 2007, de la que estem molt lluny de poder sortir, ha esdevingut una crisi social, política i democràtica de primera magnitud. Entre d’altres coses perquè els seus orígens son polítics i democràtics: la pèrdua de sobirania real de la societat i les institucions democràtiques en benefici d’uns mercats de capital cada vegada més poderosos políticament, que imposen les polítiques als Estats.

A España i altres països europeus ho hem patit de manera molt directa durant aquests darrers anys. Els mercats de capitals han exigit per finançar el deute públic provocat per l’endeutament privat – fonamentalment bancari i empresarial- que l’Estat Español poses en marxa polítiques de reducció de la despesa pública i reformes estructurals que inclouen des de la reducció de l’Estat social fins la precarització de les condicions de treball, incloses una reducció estructural de salaris.

Aquesta transferència antidemocràtica de sobirania té el seu origen en el gran desequilibri de forces entre uns mercats que actuen en el marc d’una economia globalitzada i unes institucions que actuen en els estrets marges de l’Estat Nació.

Aquest no és un procés nou. Els primers símptomes d’aquests canvis tan radicals apareixen entre els anys 70 i 80 del segle passat. Amb expressions institucionals, entre les que destaca la reducció de fronteres comercials i amb expressions ideològiques com la del “capitalisme popular” de la Thatcher, que tenia la intenció i ho ha aconseguit que les persones deixessin de considerar-se a si mateixos ciutadans per convertir-se en consumidors i capitalistes. La estafa financera de les participacions preferents ha estat possible entre d’altres coses per aquesta colonització ideològica de la ment de les persones.

Cada cop és més evident que la lluita determinant del segle XXI es la de la recuperació de la sobirania pels ciutadans. Una batalla per la sobirania que ja no és, com en els segles XIX i XX, entre els Estats, sinó que es lliura i cada vegada més, entre la societat organitzada social i institucional en espais plurinacionals i els mercats de capitals.

En aquesta lluita democràtica per decidir qui ostenta la sobirania, la propera batalla, la que ja s’està lliurant, és la del Tractat Transatlàntic de Comerç i Inversions (TTIP) entre els Estats Units i la Unió Europea.
Com sol passar amb aquests Tractats la seva negociació es quasi bé clandestina, amb clàusules explícites de confidencialitat que s’imposen als negociadors. L’obscurantisme va acompanyat d’un intent de vendre gat per llebre. Com sempre, els poders econòmics venen les seves estratègies en nom de la llibertat i el progrés econòmic i social.

Així, el TTIP es presenta i defensa en nom de la llibertat de comerç, de la reducció de fronteres entre les dues parts de l’Atlàntic i com no, acompanyat de tot tipus de lloes a la seva capacitat de generar creixement econòmic, ocupació i benestar social. Qui pot estar en contra d’un panorama tan paradisíac?

Però la realitat és molt més fosca i dura. Quan encara estem patint les conseqüències d’una crisi que té els seus orígens en un model de globalització econòmica sense drets i regles. Quan assistim al vergonyant espectacle d’uns Caps d’Estat i de govern europeus que es neguen a cedir sobirania a les institucions europees, però es sometent a les decisions d’espais i organismes no democràtics – no elegits pels ciutadans- com la Troika, ara ens plantegen un altre pas més en aquesta direcció de globalització econòmica sense regles polítiques ni controls democràtiques.

Aquest és de fet l’element central, determinant del TTIP. Mentre a la Unió Europea es lliura una batalla per determinar quina serà la seva naturalesa definitiva, si només un espai de llibertat de capitals, mercaderies i serveis o bé un espai polític amb institucions democràtiques pròpies – no sols intergovernamentals- els poders econòmics, encapçalats pels mercats de capitals han llançat un nou projecte que va en la direcció d’una globalització sense drets ni regles democràtiques.

Sembla evident que si no volem cedir del tot la sobirania democràtica de les institucions ens hem de negar a que es posin en marxa nous espais econòmics, que no vagin acompanyats d’un espai democràtic i polític de regulació política i democràtica. I el TTIP, més enllà dels detalls, és sobre tot un projecte de crear un gran espai comercial sense cap control polític. O el que és pitjor en que el regulador sigui el propi mercat, seguint no regles democràtiques, sinó les regles dels mercats.

En la seva fase actual de negociació, tenim evidències que el projecte de TTIP passa per substituir a les institucions democràtiques per processos reguladors que via harmonització a la baixa, determinaran els mercats. En temes tan importants com la protecció del medi ambient, la seguretat alimentaria, la salut pública, els drets dels consumidors i els drets laborals.
Fins i tot es pretén generalitzar la lògica privada a la solució dels conflictes entre empreses i entre empreses i els Estats. Traslladant la solució dels conflictes de l’àmbit dels Tribunals a l’àmbit dels mecanismes arbitrals privats. L’arbitratge pot ser un bon mecanisme per resoldre conflictes entre empreses, sempre que no suposi la capacitat dels Tribunals arbitrals privats per imposar decisions als estats, com ja ha passat en alguns casos el marc de la Organització Mundial del Comerç  (OMC)

Els objectius del TTIP han quedat molt clars en les declaracions del Portaveu del lobby de la industria alimentaria dels EUA, quan ha declarat que el TTIP hauria de suposar la reducció d’exigències de seguretat alimentaria que estan establertes a la Unió Europea que, segons ell, no aporten més seguretat que la dels EUA i en canvi dificulten la creació d’un mercat alimentari transatlàntic. Més clar l’aigua.

Entre els objectius claus del TTIP està la reconversió ideològica del paper i la naturalesa dels serveis públics. Mentre a la UE els serveis públics constitueixen un dels pilars de l’Estat social i els serveis que es garanteixen tenen la consideració de drets socials, un dels objectius del TTIP es convertir, com ja passa en altres països, especialment als EUA, els drets socials en mercaderies, regulades no per la lògica de la ciutadania, sinó per la lògica dels mercats.

Però l’objectiu últim es generar un nou mercat de serveis per les multinacionals, a partir obrir el important sector econòmic dels serveis públics als països de la Unió Europea a la possibilitat de ser gestionats i governats per empreses privades. Res que a Catalunya ens vingui de nou, perquè els processos de privatització de la gestió d’importants institucions sanitàries va en la mateixa lògica.

Hauríem de tenir clar que els drets socials dels ciutadans i les condicions de treball dels empleats públics del segle XXI ens les juguem en la batalla front al TTIP. Si no l’aturem, les llàgrimes poden pujar més el nivell del mar que l’escalfament global.

DESGLOBALIZAR

Que nadie haga lecturas apresuradas del título. No pretendo negar un proceso económico, la globalización, que responde a factores y dinámicas muy potentes. Pero sí planteo la necesidad de políticas que apuesten por ralentizar los procesos de globalización económica y acelerar los de globalización política.

Se trata de restituir el equilibrio entre mercados y sociedad que la globalización ha roto. El dilema no es nuevo, se trata de evitar que una globalización económica sin reglas ni contrapoderes imponga una sociedad gobernada por los mercados frente a una política incapaz de desarrollar su función básica, la de civilizar las relaciones económicas.

Con la crisis hemos comprobado que una UE sin musculatura política frente a un mundo globalizado económicamente convierte la política en una suma de impotencias.

Este debe ser el enfoque determinante para analizar la propuesta de Tratado Trasatlántico de Inversión y Comercio (TTIC) entre la Unión Europea y EEUU.

Si algo deberíamos haber aprendido de esta última crisis son las graves consecuencias sociales, en términos de aumento de la desigualdad y la pobreza, que provoca la existencia de una gran desequilibrio de poder entre una economía global cada vez más potente y unas estructuras sociales y políticas cada vez más impotentes.

A pesar del obscurantismo con el que la tecnocracia de la UE y de EEUU están llevando las negociaciones, lo que en una sociedad democrática debería ser motivo suficiente para su rechazo, comienzan a conocerse algunos de sus contenidos. Y a través suyo se detecta claramente el principal objetivo del TTIP: un paso más en la configuración de grandes áreas económicas no gobernadas por la sociedad, sino por los mercados y por las grandes corporaciones transnacionales. Y también comienzan a vislumbrarse cuales pueden ser sus principales efectos indirectos y sus daños colaterales.

Va a ser difícil hacer llegar a la ciudadanía la trascendencia del TTIP. Sobre todo porque desde los poderes económicos y sus voceros se nos va a vender sus bondades económicas, en forma de creación de empleo. Y se va a explicar el debate en términos maniqueos entre proteccionistas (los malos) y partidarios del libre comercio (los buenos). Ya ha comenzado a hacerlo el Ministro Margallo en una de sus “zaratrustianas” intervenciones en el Congreso de Diputados.

Detrás del TTIP hay una clara voluntad de crear una nueva área económica, en la que el capital global pueda moverse sin límites o con menos restricciones y controles políticos que los actuales.

No deberíamos olvidar que en estos procesos siempre suelen haber ganadores y perdedores. No es solo que las grandes corporaciones van a tener más posibilidades de copar mercados en detrimento de las PYMES. O que las economías menos fuertes, las del Sur de Europa, pueden ser las afectadas por la mayor penetración de empresas norteamericanas. El conflicto central en el TTIP no se da en términos nacionales, entre empresas europeas y estadounidenses. Lo determinante del TTIP es que, de aprobarse, aumentaría aún más el desequilibrio entre mercados y sociedad, en beneficio del poder político de los mercados.

Con el mecanismo de “reconocimiento mutuo” de legislaciones, se pretende que las condiciones regulatorias que afectan a un determinado sector deban ser aceptadas por todos los países. Se trata de “armonizar competitivamente a la baja” las regulaciones. Este factor es determinante en ámbitos como el de la salud alimentaria, en el que la UE tiene unas condiciones más exigentes que los EEUU, que según los lobbies de la industria norteamericana dificultan el libre comercio y no mejoran la protección de los ciudadanos.

Otro factor es el establecimiento de mecanismos privados de mediación y arbitraje en los conflictos de intereses entre corporaciones privadas. Nada que objetar si ello no supusiera una auto-exclusión de las grandes corporaciones del sometimiento a los Tribunales de Justicia ordinarios. Y también que algunas de estas decisiones arbitrales, en los conflictos entre empresas o de las empresas con los Estados, puedan terminar con obligaciones o prohibiciones a actuar de los Estados soberanos, impuestas por Tribunales privados.

En general, con el TTIP pretenden establecer condiciones más favorables al movimiento de capitales para invertir o comerciar entre UE y EEUU, sin que ello vaya parejo a la creación o reforzamiento de espacios de regulación políticos. Y ello supone un nuevo desplazamiento del poder político de regulación. De las instituciones democráticas a los mercados. Y en consecuencia un debilitamiento de la política, como sociedad organizada, frente los mercados.

Por eso, la prioridad hoy es abordar las reformas necesarias para ampliar el poder político de la Unión Europea en su dimensión comunitaria, no intergubernamental. Y mientras, impedir la ampliación de nuevas áreas de comercio e inversión sin gobierno político.

De eso, y no de libre comercio, va el TTIP.