divendres, 13 de setembre de 2013

PENSIONES: LAS TRAMPAS DE UNA REFORMA INJUSTA Y OPACA


El Gobierno del PP ha aprobado el anteproyecto de Ley por el que se pretende recortar las expectativas de pensiones futuras y, que, por primera vez, afectaría a los actuales pensionistas. 

Una vez más el Gobierno del PP aprovecha la crisis como una oportunidad para imponer recortes en derechos sociales. Y lo hace con argumentos tramposos y propuestas de gran opacidad. 

La primera trampa es utilizar la crisis como argumento para acelerar la entrada en vigor del factor de sostenibilidad, previsto para los años 2027/32 – dado que es el momento en que se prevé un incremento del gasto en pensiones al incorporarse como pensionistas las generaciones del baby boom. Evidentemente estas generaciones no van a llegar a la edad de jubilación (65/67 años) antes de lo que estaba previsto.

La segunda trampa del PP es utilizar el argumento de que la crisis ha acelerado el desequilibrio entre ingresos y gastos, porque ese desequilibrio a corto plazo no es imputable a un aumento del gasto en pensiones, sino a la caída en picado de los ingresos. Y en consecuencia, la solución no puede venir de una reducción de las expectativas de pensiones futuras, sino en una mejora de los ingresos. 

Conviene recordar que España es uno de los países que menos gasto dedica a pensiones, el 10,2% del PIB, frente a la media de la Unión Europea del 13,5%. Y si es cierto que las proyecciones de futuro indican un aumento del gasto en el plazo de 35/40 años, también lo es que España nunca supera a la media de la UE en esas proyecciones.

La tercera trampa del PP es utilizar y manipular a los jóvenes contra sus padres y abuelos. Con el bonito y tramposo nombre de “factor de equidad generacional” el Gobierno intenta utilizar a los jóvenes contra sus padres y sus abuelos. La garantía de que los jóvenes de hoy tengan pensiones mañana pasa por ofrecerles  hoy empleo de calidad con el que pueda cotizar para cobrar las pensiones del mañana. No es congelando las pensiones de sus abuelos o reduciendo los derechos de sus padres como se van a garantizar las pensiones de los jóvenes.

La cuarta trampa del PP es pretender que la solución pasa por reducir gastos en pensiones y no por aumentar los ingresos del sistema de seguridad social. Existe la necesidad y la posibilidad de mejorar los ingresos, tanto los contributivos de las cotizaciones como los de origen fiscal.  

A corto plazo por la utilización del Fondo de Reserva de la Seguridad Social y de una aumento transitorio de los ingresos contributivos, que en forma de Contribución Social Generalizada debería recaer en el esfuerzo de todos los sectores sociales y no solo de los trabajadores. 

A medio plazo por la vía del crecimiento del empleo y de la calidad y productividad de los puestos de trabajo y en consecuencia de las cotizaciones. También del aumento de las bases máximas y mínimas de cotización, al tiempo que se arbitra un aumento en las aportaciones fiscales, previstas ya en el Pacto de Toledo. 

La quinta trampa del PP consiste en aprobar un cambio radical en el sistema de revalorización de pensiones que es opaca en su diseño y funcionamiento, arbitraria en la fijación de la cuantía de la revalorización e injusta en sus consecuencias de pérdida del poder adquisitivo de las pensiones. 

La actual formula de revalorización de las pensiones a partir de la evolución del IPC es transparente, porque depende de un indicador público y sencillo. Garantiza el poder adquisitivo como un derecho y no como una concesión discrecional o arbitraria del Gobierno de turno. Y no es inflacionaria, porque se determina sobre las previsiones iniciales del IPC, siempre a la baja. 

En cambio la nueva fórmula del Gobierno es opaca en su diseño, incorpora grandes dosis de arbitrariedad y además va a provocar importantes pérdidas de poder adquisitivo. Además de ser procíclica en relación a la evolución de la economía, en la medida que prevé que a igual inflación la revalorización sea menor en momentos de crisis y mayor en momentos de bonanza. 

La sexta trampa del PP es decir que la nueva forma de revalorización no va a provocar la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas actuales.

¿Si el Gobierno dice que la nueva fórmula garantiza el poder adquisitivo como hasta ahora, porque plantea cambiarla?  
Ante la evidencia de la falta de razones que justifiquen la reforma del PP, cabe preguntarse sobre cuál es la razón que lleva al Gobierno – siguiendo los dictados de la Troika - a plantear una reforma por la vía de la urgencia
La respuesta es la misma que para otras reformas. La crisis brinda una gran coartada y una gran oportunidad – miedo y resignación- para imponer estos cambios en un contexto de mayoría absoluta del PP. 

“O ahora o nunca” parecen gritar los lobbys económicos interesados desde hace décadas en un recorte de las pensiones que comporte un menor gasto y una pérdida de peso económico y político de la Seguridad Social pública.