dijous, 19 d’abril de 2018

DE AQUELLOS BARROS, ESTOS LODOS


Estos días asistimos entre consternados, indignados y perplejos a una nueva actuación de la Policía a instancias de la Fiscalía, la detención de una joven a la que se acusa de coordinar la acción de los Comités de Defensa de la República (CDR). Y en base a ello se le pretendía imputar el delito de terrorismo.

Se trata de un capítulo más en el intento de los poderes del Estado y sus voceros mediáticos de construir el imaginario de una Catalunya instalada en la violencia.


La actuación de la División mediática Brunete y su homónima en Catalunya, la División mediática Ítaca, son hoy el principal obstáculo para la búsqueda de una solución. En su obsesión por construir relatos hegemónicos en España y en Catalunya, se han olvidado de la responsabilidad social de los medios de comunicación y se han lanzado a una competición en la que la degradación del uso del lenguaje, la construcción una imagen perversa del otro y en definitiva la manipulación informativa de las sociedades respectivas se han convertido en una poderosa arma de colonización de las mentes de la ciudadanía.

Personalmente discrepo de la estrategia de los CDR. Aun cuando sus actos se limitaran a moverse en el terreno estricto de la desobediencia civil –derecho por cierto que se reconoce a la ciudadanía, pero nunca a los poderes públicos, que siempre están obligados a cumplir la Ley– me parece una estrategia errónea. No ayudan en nada a los objetivos que dicen defender y debilitan al movimiento del que forman parte. La vida demuestra que este tipo de acciones reducen la participación ciudadana, tienden a la radicalización –aún sin violencia- y acaban situándose en un circulo vicioso de acción y reacción.

Pero con independencia de la opinión que se tenga sobre la idoneidad y oportunidad de las acciones de los CDR, resulta evidente que acusarles de terrorismo es una barbaridad democrática.

Afortunadamente, la Audiencia Nacional ha rechazado las imputaciones de terrorismo y ha dejado en libertad a la joven detenida. Pero nos equivocaríamos si pensáramos que esta deriva criminalizadora afecta solo al conflicto “catalán” y que con la libertad de la joven detenida el tema pierde gravedad.

No olvidemos que si el Ministerio Fiscal ha formulado la acusación de terrorismo es porque desde el 2015 el Código Penal español ha ampliado hasta el infinito los actos susceptibles de ser considerados terrorismo. Hasta el extremo de incluir en el capítulo de acciones terroristas los delitos graves que “pretendan obligar a los poderes públicos a realizar un acto o abstenerse de hacerlo.”

El nuevo artículo 573 del Código Penal permitiría hoy que determinadas actuaciones producidas en el marco de conflictos laborales y sociales que todos recordamos –por ejemplo las luchas obreras contra la reconversión industrial o las huelgas generales- pudieran ser calificadas penalmente como terrorismo.

Esta reforma penal fruto del Pacto de Estado entre el PP y el PSOE se aprobó con la excusa de combatir más eficazmente el terrorismo yihadista. Y digo excusa porque una buena parte de su contenido tiene poco que ver con las recomendaciones de la Resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas 2178 de 24 de setiembre del 201, y con la Decisión Marco del Consejo de la Unión Europea de 28 de noviembre del 2008 en las que dice ampararse.

Se equivocan los que piensen que esta reforma se hizo con el objetivo de dar respuesta al conflicto catalán. Se equivocan aún más los que consideren que esta Ley es un hecho aislado. Y el error es aún mayor si se considera que este es un problema estrictamente español.

La Ley Orgánica 2/2015 forma parte de una triada de reformas legislativas acordadas durante el directorio absolutista de Rajoy compuesto por la Ley de Seguridad Ciudadana (Ley Mordaza),  la Reforma del Código Penal que entre otras cosas instaura la cadena perpetua (bondadosamente llamada prisión permanente revisable).

Se trata de un conjunto de reformas legislativas que aprovechan el clima de miedo e inseguridad creado en la sociedad, y alimentado artificialmente por determinados medios de comunicación, por el brutal atentado yihadista contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo y por el impacto social que generan los asesinatos de personas jóvenes – mayoritariamente mujeres-. Se aprovecha este clima social para, entre otras cosas, criminalizar movilizaciones sociales y castigar penalmente a organizaciones y movimientos sociales.

Que esta reforma no tuviera como objetivo exclusivo el conflicto “catalán” no significa que sus impulsores no tuvieran esta pantalla en su horizonte. Quiero recordar que su aprobación se produce a los pocos meses de la consulta por la independencia del 9 de noviembre del 2014.

Por eso sorprende y hoy aún más que el grupo parlamentario de CiU tuviera una posición tan poco beligerante -por ser bondadoso- frente a esta ley. A pesar de mis reiteradas advertencias sobre el riesgo de que se terminaría aplicando en Catalunya. 

Aunque la memoria es débil sobre todo cuando no interesa, quiero recordar que esa reforma fue aprobada con la abstención de Convergència y el voto a favor de Unió Democrática. Y que algunas de las enmiendas que dieron redacción definitiva a la Ley, entre ellas las que se refieren al artículo de marras, el 537, fueron votadas por todo el grupo parlamentario de CiU, con la excepción de tres diputados ausentes de la sesión.
Estos días mucha gente se pregunta como es posible que el grupo de CiU no fuera consciente del riesgo que suponía no pronunciarse nítidamente y votar en contra de esta ley. Yo siempre tuve la sensación de que nunca vieron esta reforma como un riesgo propio. 
Quizás porque pensaron que su aplicación y posible abuso solo iba a afectar a otro tipo de movilizaciones. No se olvide que en aquel momento en Catalunya aún era muy presente el impacto por el “asedio” al Parlament del 2011 y que estaban en un punto álgido las movilizaciones contra recortes de derechos sociales.

Desgraciadamente este recrudecimiento de la legislación penal no es una hecho aislado de España, ni tan siquiera de Europa. Es un fantasma que recorre el mundo desde los atentados del 11 de setiembre del 2001.

Se esta utilizando el clima de inseguridad social para restringir hasta limites democráticamente intolerables las libertades. Y cada vez que se da un paso en este sentido, con el supuesto objetivo de garantizar la seguridad a las personas, se debilita la calidad de la democracia. Y con ello la inseguridad crece, porque con las libertades restringidas es más fácil imponer políticas que reducen los derechos sociales, hacen crecer las desigualdades y aumentan el miedo y la inseguridad social de la ciudadanía. Este es desgraciadamente el circulo vicioso en el que estamos instalados.

Después de la indignación sería deseable que hiciéramos algo más. Urge una reforma legal que devuelva la regulación del delito de terrorismo a términos que sean democráticamente aceptables.

* Article publicat originalment a Eldiario.eshttps://www.eldiario.es/zonacritica/barros-lodos_6_760533944.html

dimecres, 14 de març de 2018

UN HIVERN FASCINANT de Joan Margarit


Potser, només potser, si de ben matí
llegíssim els poemes de Joan Margarit
a “Un hivern fascinant”
podríem sortir d’aquest pou
al que humiliacions i rancúnia ens han abocat
i del que no sabem sortir
adictes com som a buscar consol en el desastre. 


A través del dolor


Mai no he oblidat el clatellot d’un guàrdia
Dient-me fort i sec: Habla en cristiano, niño.
Fins els meus quaranta any, la policia
Va fer interrogatoris amb tortures.
Només en castellà.
Però a través de tantes humiliacions
he pogut estimar el Ramón, el Luís,
i les pitjors paraules, les que m’han fet més mal,
les he sentides en la meva llengua.

Abans que les paraules va arribar una altra cosa.
Suau i indestructible.
Tan lúcida com res ja no ho seria mai.
Va arribar des d’un lloc que penso que és la infància.
A  vegades la sento barrejada amb la música,
com deu o quinze notes que de sobte em commouen,
però no sé per què ni des de quan.
Com si fos una tomba sense nom
a la qual per amor semore he dut roses.

És la força i la llum d’un costat que ignoro.
M’avisa, em protegeix d’algun lloc que no estimo.
D’una inútil rancúnia. De mi mateix. Dels altres.
D’alguna perillosa indiferència.
És en els meus poemes.
Que per això, també, els he escrit en castellà.


divendres, 9 de març de 2018

LLUITES DE GÈNERE, CONQUESTES DE CIVILITZACIÓ.

Encara sota l’impacte emocional d’una jornada, la del 8 de Març del 2018, que s’ha guanyat el dret a passar a la història, intento posar ordre a les moltes reflexions i sentiments que s’amunteguen i barregen dins meu, entre les quals predomina l’alegria viscuda per l’èxit de la vaga feminista.

El primer que ahir em va venir al cap en veure i viure la oceànica manifestació de Barcelona, va ser el record de totes aquelles dones que, en condicions molt dures, varen ser durant anys la punta de llança de la lluita social i feminista. Les dones del 36, la Tomasa Cuevas o més recentment la generació de l’Aurora Gómez, feminista a CCOO i sindicalista en el moviment feminista. Ho comentàvem amb la companya Gemma Lienas amb qui vaig compartir aquest moment d’immensa joia. 

Tampoc no he pogut deixar de recordar aquells 8 de Març en què poquets milers de dones – i molts menys homes- fèiem una manifestació que en alguns moments va córrer el risc d’acabar sent la litúrgia anual del 8 de març. Fins i tot les polèmiques suscitades sobre el dret dels homes a participar en les manifestacions del dia de la dona treballadora.

Ara toca intentar entendre totes les dimensions d’aquesta jornada. D’entrada, em sembla veure la potencialitat d’un moviment que  podria articular la lluita social en el segle XXI. En un món global, on costa agrupar interessos i més aviat es tendeix a l’individualisme, a la segregació, i al greuge comparatiu; el moviment feminista ha sabut aixecar una reivindicació i una bandera que aplega a moltes dones arreu del món i té capacitat d’implicar-hi als homes. Veure la manifestació d’Estambul, en un país com Turquia en plena regressió democràtica i vulneració dels drets civils, em va emocionar quasi tant com veure les dones treballadores paquistaneses en la mani de Barcelona. 

La lluita contra la desigualtat que pateixen les dones en totes les esferes de la vida té un gran potencial emancipador. Especialment en uns moments en què globalització sense regles, drets ni contrapesos socials o polítics està provocant un augment brutal de les desigualtats, que castiga especialment les dones, però té un fort component de classe. La batalla per la igualtat, encapçalada per les dones, pot ser l’eix que vertebri una potent internacional en les primeres dècades del segle XXI, on, ara per ara, costa veure quin serà el motor de la lluita social.

A Catalunya i Espanya es va produir un fet encara més transcendent. Hem estat l’únic país europeu on la mobilització feminista, amb múltiples dimensions, va incorporar una vaga laboral organitzada pel sindicalisme confederal de CCOO i UGT. Per aconseguir l’èxit de la vaga, fins i tot en algunes grans empreses industrials on les dones representen tot just el 20% de les plantilles, el sindicalisme de classe i confederal ha treballat molt i bé en l’organització de la vaga. Veure les dones sindicalistes de sectors com la neteja, que estan en plena negociació del seu conveni, encapçalant la vaga i la mobilització va servir per posar de manifest que la discriminació i l’opressió que pateixen les dones en totes les esferes de la societat, té en les empreses i en la relació de treball una de les expressions més salvatge.

Ahir el feminisme va ser el protagonista i l’eix articulador d’aquesta potent mobilització. I fent-li costat el sindicalisme confederal va assumir la responsabilitat d’organitzar la vaga laboral en els centres de treball, legitimant-se com a subjecte de transformació social. Així ho destaquen les capçaleres dels principals mitjans de comunicació de tot el món, que posen de manifest el fet diferencial de la vaga feminista a España, que ha estat la implicació sindical i la vaga a les empreses. Durant tot el dia em van venir al cap records de les moltes sindicalistes de CCOO que al llarg de cinc dècades han lluitat perquè el sindicat assumís la lluita de gènere com a element propi i consubstancial. Sense aquestes dones que han dut a terme una doble lluita, front el capital i entre els seus companys, la vaga laboral del 8 de Març no hauria estat possible, com encara no ho ha estat en altres països amb molta més força sindical que la nostra.

Per això em resulta sorprenent i molt preocupant l’actitud refractaria per part dels comuns a aquesta important implicació sindical. Si algú fora del nostre país llegeix els seus comunicats, declaracions i posicionaments, pot arribar a creure que el sindicalisme confederal no ha existit en aquesta espectacular vaga feminista. No vull creure que s’hagi decidit aplicar la vella formula d’imposar silenci sobre el que no agrada o no es controla.

Dijous, durant la concentració del matí a la Plaça de Sant Jaume, vaig estar esperant el moment en què l’alcaldessa de Barcelona es trobava amb els dirigents de CCOO i UGT. Però aquesta trobada no es va produir. I no deixa de sorprendre’m, perquè en una plaça tan petita el més difícil no era trobar-se, sinó eludir-se. Una trobada que, en canvi, sí que van propiciar regidores i regidors de pràcticament tots els grups municipals. Per a mi aquesta és encara una de les grans incògnites del dia d’ahir. Què pot portar a l’espai polític dels comuns a negar i rebutjar constantment el paper del sindicalisme confederal? Especialment quan és un dels seus jaciments de militància i de vots. Sectarisme? Instint suïcida? No ho sé, sincerament, però em resulta força incomprensible.

Un altre factor determinant ha estat que la vaga feminista del 8 de març ha tornat a situar el conflicte social, en aquest cas el conflicte de gènere, en l’epicentre del debat polític del país. I aquest és un dels grans èxits de la jornada i dels dies previs de preparació i difusió i organització de la vaga.

Al mateix temps s’ha recuperat per la política l’eix esquerra-dreta que alguns s’encaparren en declarar mort. Només cal recordar les explicacions i declaracions contra la vaga dels dirigents del Partit Popular i de Ciutadans, els dies previs. Rajoy va intentar en un últim moviment aturar aquest profund error d’oposar-se a la mobilització feminista. Però gracies a la bel·ligerància dels seus i les seves dirigents hem vist una vegada més en que consisteix ser d’esquerres o de dretes, quins son els valors que hi ha darrera de cada manera de veure el món. La batalla per la igualtat i la lluita contra les desigualtats i l’opressió de gènere és un de molt definitori.

A Catalunya, a més, hem assistit a una mobilització transversal que per primera vegada en molt de temps no fractura la societat, sinó que la cohesiona en objectius compartits per una immensa majoria de la societat.

Ara queda el més difícil, convertir aquesta espectacular energia, mobilitzada durant aquestes setmanes i que ahir va agafar forma de vaga feminista, en transformacions socials concretes. Totes i tots sabem que no serà fàcil, perquè les arrels de la injustícia contra les dones són molt profundes, ancestrals i estan ficades dins del moll de l’os de la societat i la seva cultura. Cal fer front a un sistema social, el capitalista, construït sobre els pilars de la desigualtat social, i un sistema patriarcal, edificat sobre els pilars de la dominació d’una part de la societat sobre l’altra, les dones.

Sens dubte, els canvis no seran ni ràpids ni fàcils i és probable que en pocs dies veiem com algunes adhesions estaven carregades de fariseisme. Crec, vull, necessito creure que en la llavor d’aquests anys, en la jornada d’ahir, estan els gens d’una societat més justa.

I del que estic convençut, perquè ho ensenya la història, és que les reivindicacions i lluites de gènere acabaran convertint-se en grans conquestes de civilització. Potser és el gran canvi que esperem i necessitem per fer del segle XXI una època que no estigui marcada irremeiablement per la injustícia i la desigualtat.




dimecres, 7 de març de 2018

EL PODER DE LA CULPA


La culpa tiene poder, bien podría ser el título de una nueva rumba catalana. O quizás mejor la letra de un rap de denuncia cantado en las movilizaciones sociales.

La culpa tiene poder y los poderosos saben por qué. Se viene utilizando desde tiempos ancestrales y con gran éxito como elemento de dominación social. Alcanza su cénit con las religiones monoteístas, que han conseguido ofrecernos el pack completo. La culpa -del pecador- la confesión, el arrepentimiento y la penitencia. 

Ha sido tal el éxito histórico de la culpa que se utiliza por ideologías y sistemas políticos de todo tipo. La autocrítica no es más que la vertiente laica de la confesión de culpa y las consecuencias impuestas al “autocriticado” pura penitencia en forma de depuración política. 

Si la culpa es tan poderosa para el control social es porque impone al culpable el arrepentimiento, en forma de resignación. 

En España tenemos a uno de los campeones mundiales en la estrategia de la culpa. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” fue la frase más vomitada por Rajoy para justificar sus políticas de ajuste. En pleno aquelarre se llegó a decir que “hemos comprado a crédito viajes al Caribe” para justificar en el debate parlamentario de Julio del 2012 la reducción de las prestaciones de desempleo. 

Lo más peligroso del uso de la culpa por el poder es que suele tener éxito. Rajoy continúa siendo Presidente del Gobierno gracias a los votos de los que se sienten culpables. Y pretende continuar siéndolo con la misma estrategia. 

Estos días, de manera desacomplejada, los miembros del gobierno Rajoy, los expertos acólitos y sus voceros han conseguido el récord mundial en el decatlón de la culpa.
Para justificar la congelación de pensiones y su perdida de poder adquisitivo a perpetuidad, mientras esté vigente la ley del 2013, han intentado sepultar a los pensionistas de sentimiento de culpa por ser unos privilegiados. 

Se pretende acallarlos con el argumento de que son el colectivo que mejor librado han salido de las políticas de recortes sociales. Y desgraciadamente el argumento cala, porque son muchos los pensionistas que tienen en su entorno personas muy maltratadas por la crisis y las mal llamadas políticas de “austeridad”. 

Diferentes “expertos” orgánicos del Partido Popular recuerdan a los pensionistas que algunos de ellos cobran más que lo que cobran sus hijos y nietos trabajando. Como si su pensión fuera un regalo y los salarios de miseria de sus hijos una maldición bíblica.

Esta es una argumentación que cala en las personas pensionista, porque tiene una gran capacidad de generar culpa, arrepentimiento y resignación. Durante años, mi madre perceptora de una pensión mínima se sentía culpable de cobrar prácticamente lo mismo que la trabajadora social que le ayudaba en su situación de dependencia. 

Por supuesto en esta orgía culpabilizadora no podía faltar el Gobernador del Banco de España que nos acaba de regalar la “lindeza” de decirle a los pensionistas que la congelación de las pensiones no les afecta tanto como parece, porque la mayoría son propietarios de sus viviendas y con ello tienen unos gastos menores de alojamiento. 
Como si la vivienda en propiedad no fuera el fruto del ahorro de toda una vida, que en muchos casos les sirve para pagar una plaza en una residencia privada ante la escasez de plazas públicas. 

Resulta cínico que los mismos que justifican la congelación de las pensiones– incluso de las mínimas – porque algunos pensionistas son propietarios de su vivienda, sean al mismo tiempo los máximos defensores de la desaparición del impuesto de sucesiones, incluso para elevados patrimonios. Defienden que las personas cuyo único ahorro es una vivienda en propiedad la dediquen a garantizar su subsistencia en los últimos años de vida, mientras al mismo tiempo proponen que los que heredan importantes patrimonios no paguen impuestos. 

Esta estrategia de acusar de privilegiados a los que disponen de derechos no es nueva. Se ha llegado a decir que los jóvenes no tienen trabajo por culpa de unos padres que tienen empleos y salarios privilegiados. Esta es de hecho la ideología de las reformas laborales y con la que se ha intentado vender el mal llamado “contrato único”. 

Si alguien ha sufrido y continúa sufriendo la estrategia de la culpabilización por parte del poder, son las mujeres. 

La ideología patriarcal pretende que las mujeres se sientan culpables de casi todo. De no ser madres, si así lo han decidido, por poner en riesgo la demografía de la sociedad. De ser madres y querer trabajar al mismo tiempo sin morir en el intento. De pretender que sus opciones vitales no penalicen sus trayectorias profesionales. De no atender bien a los hijos por poner por delante su condición de persona. De cobrar menos que los hombres por no estar suficientemente formadas. 

Estos días asistimos a una vergonzosa ofensiva del Gobierno Rajoy y el Partido Popular para hacer sentir culpables a las mujeres que denuncian la brecha salarial de genero y a los convocantes de la huelga del 8 de marzo. 

Se ha llegado a decir que era una movilización de mujeres privilegiadas, porque solo podían hacer huelga las que trabajan y se ignora a las que están desempleadas. Increíble pero cierto. 

La avalancha de culpa que nos echan encima a unas y otros no es una anécdota. Forma parte de una ofensiva ideológica para que aceptemos resignadamente la máxima consigna del capitalismo financiero global: “Repartíos el salario y las pensiones entre vosotros, que los beneficios del capital no se tocan y de impuestos ni se habla”. 

Una estrategia exitosa que ha conseguido hacer del agravio comparativo entre las personas trabajadoras el motor de la historia, ocupando el vacío dejado en esa función, antaño articuladora de la política y la sociedad, por la lucha de clases. 

Quizás ha llegado el momento de componer un rap titulado: “A la mierda con la culpa”. Eso sí, con prudencia, no sea que nos acusen de un delito de odio.

dimecres, 28 de febrer de 2018

¿VICTORIA O SOLUCIÓN?


De todos los posibles desenlaces que nos acechan en cada esquina del conflicto "catalán" el peor de todos es que alguien pretenda imponer su "victoria". La tentación es grande y se vislumbra en el imprudente comportamiento del Gobierno español y de sus irresponsables jaleadores mediáticos.

Estamos ante un conflicto empantanado por la inhibición política de Rajoy durante años. Hoy, mientras sectores del independentismo continúan apostando por la astucia para burlar al Estado, el Gobierno se parapeta en los Tribunales, a los que ha transferido la responsabilidad y encargado la tarea de derrotar al independentismo.


La solución, si existe, no vendrá de la mano de la "victoria" y mucho menos si va acompañada de humillación –así se sienten muchas personas en Catalunya-. La solución a este tipo de conflictos empantanados es muy compleja, especialmente cuando están implicadas millones de personas y contiene fuertes elementos emocionales. Y solo puede venir de la mano de salidas imperfectas.

Pactar el desacuerdo siempre es mejor que el espejismo de una falsa solución construida sobre la victoria y la derrota.

Desgraciadamente todo parece apuntar a otro camino. De un lado la tendencia suicida del independentismo a despeñarse de nuevo hacia la derrota y de otro, un Gobierno Rajoy tentado por la victoria.

Los "astutos" órdagos de los dirigentes independentistas al Estado español han sido tan efectistas como ineficaces e ingenuos. En algunos casos, como los escenificados por Puigdemont desde Bruselas, acompañados de burla y desprecio al Estado, especialmente al poder judicial. No tienen un impacto menor, en cuanto a su capacidad de vejar, algunas de las decisiones adoptadas por los Tribunales con las personas encarceladas.

Contribuye a bloquear el conflicto la constante e insomne batalla por la hegemonía política entre convergentes y ERC, a la que se ha sumado ahora la pugna entre Ciudadanos y PP por demostrar quién es más duro en la respuesta.

Ayuda a exacerbar aún más las cosas la intolerancia y el rencor mutuo que alimentan la División Mediática Brunete y la Ítaca. Muchos medios de comunicación, afortunadamente no todos, en vez de contribuir a crear conciencia crítica, se han convertido en fabricas de hooligans que incentivan las reacciones más miserables y castigan las posiciones sensatas.

Para terminarlo de complicar han entrado en juego "las togas". La renuncia de Rajoy a la política ha propiciado la judicialización del conflicto y ahora ve restringidos los márgenes para canalizar políticamente una salida.

Estos últimos días ha aparecido en el horizonte la amenaza de inhabilitación de los dirigentes independentistas. No comparto el argumento de quienes defienden que las instituciones catalanas deben quedar al margen del control de los Tribunales. Eso no es más que viejo absolutismo vestido de moderna y falsa democracia "constituyente". He opinado públicamente que la reiterada llamada de los dirigentes independentistas a desobedecer las resoluciones judiciales y del Tribunal Constitucional tendría consecuencias penales. Es una apuesta que solo puede salir bien si se dispone de la fuerza suficiente para derrotar al Estado, cosa que es evidente no sucedió ni va a suceder. Ha sido una gran ingenuidad del independentismo y solo se explica por el estado de disonancia cognitiva en el que se ha instalado una parte de la sociedad catalana.

Pero una cosa es criticar que haya dirigentes políticos que se puedan situar al margen de las leyes y otra que la justicia actúe con instintos vengativos, aunque se trate de vengar al maltrecho estado de derecho, que es la coartada con la que se justifican algunas incomprensibles decisiones de los Tribunales.

Jurídicamente no se justifica la calificación penal de rebelión de los actos que se imputan a los Consellers y los Jordis. Sobre todo porque entonces nos quedamos sin tipo penal con el que calificar un hipotético golpe de estado, como el del 23F o el de Julio de 1936, si alguna vez volviera a producirse. Es incomprensible el mantenimiento de la prisión preventiva por el supuesto y futurible riesgo de reiteración delictiva.

Más incomprensible aún me resulta que la perversa confluencia de una norma procesal excepcional (artículo 348 bis de la LECrim), pensada para luchar contra el terrorismo, y una injustificada imputación de rebelión, pueda conducir a la suspensión de sus cargos de los dirigentes independentistas sin condena previa y firme.

En los próximos días comparecen a declarar más personas imputadas. Es de esperar que los magistrados del Tribunal Supremo recuerden el aforismo latino " Summun ius summa iniuria". Cuando el derecho se aplica de manera extrema provoca una extrema injusticia. Aunque no ayuda mucho esa especie de revolución adolescente con la que el “soviet carlista” nos anuncia que va a responder al Estado. 

En el terreno político, seria un desastre "descabezar" al independentismo y dejarlo sin interlocutores políticos. Si ello llegara a suceder se enquistaría aún más el conflicto. Y aunque la investidura de Puigdemont es absolutamente inviable, se vista como se vista, si se cierra el paso a una solución política, se alimentaría la lógica "legitimista" de una doble institucionalidad y se profundizaría aún más en el empantanamiento.

La única victoria que hoy nos podemos permitir es la de los objetivos compartidos: recuperar las instituciones de autogobierno, reconstruir puentes, rehacer la fractura social de la sociedad catalana, restaurar el respeto a las normas básicas de convivencia. Y la única derrota que nos interesa es la del monstruo del "fin justifica los medios", que ha llevado a babor y estribor a defender que la superioridad moral de los objetivos de cada uno justifica la utilización de cualquier medio.

La "solución" en minúsculas no vendrá de la victoria, sino de saber pactar el desacuerdo. Y eso depende del comportamiento de mucha gente. Resulta vital que cada cual asuma su parte de responsabilidad.

dimecres, 31 de gener de 2018

SIGUEN JUGANDO AL "GALLINA"



Una vez mas la astucia procesista es la protagonista de la política catalana. En una declaración institucional grandilocuente y cargada de altisonantes palabras el President del Parlament ha anunciado la suspensión del Pleno en el que debía votarse la investidura del candidato Puigdemont.

El tono, las trascendentes palabras utilizadas y su voluntad de aparentar firmeza presagiaban, desde el minuto cero, que después de la autoafirmación de resistencia llegaría la dosis de realismo. Una vez más se ha vestido de épica lo que en realidad es una decisión forzada por el Tribunal Constitucional, la renuncia a la investidura de Puigdemont.


De nada le ha servido a Roger Torrent la astucia de presentar su decisión como un mero aplazamiento. Junts per Catalunya y la CUP han salido en tromba a denunciar la “flojera” del President del Parlament. El independentismo se ha fracturado por la gran fuerza destructora del procesismo, que ha actuado como un gran agujero negro que, con su fuerza gravitatoria, engulle todo lo que se le acerca, para terminar explosionando y destruyéndose a si mismo.

Quizás este era el único margen de que disponía Roger Torrent, pero su astucia ha sido un “revival” de la misma jugada, repetida mil veces por el procesismo. Sin que en estos momentos sepamos para que se va a utilizar el tiempo muerto conseguido con el aplazamiento.

La astucia ha sido una de las fortalezas del movimiento independentista, quizás su principal activo, para mantener viva la ilusión en permanente mutación. Es la clave de la granítica resistencia del independentismo al paso del tiempo, al duro conflicto con el estado y a la represión ejercida por sus instituciones. Y sobre todo lo que le ha permitido ser inasequible al desaliento del contraste con la realidad.

La astucia ha sido utilizada por el procesismo con un triple objetivo. Mantener viva la ilusión del independentismo en la gran ficción de la DUI; intentar “burlar” al estado español; y librar una soterrada batalla entre CDC y ERC – que ya dura quince años- por la hegemonía del espacio nacionalista.

Con la imposición del artículo 155 dio la sensación que el independentismo iba a dar por terminada la etapa de uso y abuso de la astucia. Fueron los días en los que se apunto una incipiente autocrítica por la ingenuidad de la DUI y la suicida ignorancia de la fuerza represiva del estado. A ello contribuyó la entrada en juego de las “togas” y sus graves consecuencias para las personas encarceladas. Pero este espejismo duro solo una horas, las que necesitaron los intelectuales orgánicos del “procés” - que lo mangonean sin arriesgar nada en ello- y los medios de comunicación procesistas para cerrar las ventanas a la realidad. La marcha de Puigdemont a Bruselas abortó definitivamente este incipiente ataque de realismo.

La astucia anunciada por Roger Torrent parece destinada únicamente a que ERC pueda mover pieza en el perverso y suicida juego del “gallina” que llevan protagonizando Puigdemont y Junqueras en los últimos años. Como en la película “Rebeldes sin causa” en la que dos vehículos avanzan hacia el precipicio hasta que uno de los dos conductores, el gallina, frena primero y pierde la apuesta.

Exactamente así se han comportado PdeCat y ERC en los últimos años y es lo que en parte explica que Puigdemont no convocara el 26 de octubre las elecciones anunciadas. Ante el temor de ser acusado de traición, nadie se atrevió a decirle a las personas ilusionadas con la DUI exprés que todo había sido una gran ficción alimentada por la astucia.

Después del 21D el juego del “gallina” continúa porque los resultados obtenidos por el independentismo han sido interpretados por algunos no como una mayoría para gobernar sino como una nuevo aval a la ficción de la república catalana proclamada unilateralmente. Con una diferencia, quienes el 26 de octubre repartían acusaciones de traición, entre 155 monedas de plata, hoy son acusados de arrepentimiento.

No me atrevo a hacer predicciones sobre lo que pasará en los próximos días, pero tengo algunas intuiciones que me atrevo a compartir.

Todo apunta a que, a pesar del emplazamiento astuto de Torrent, el Tribunal Constitucional no modificará su posición. Que una interpretación flexible de la legislación por parte de los Letrados del Parlament permitirá a la Mesa ampliar el período para una nueva investidura con nueva candidatura sin necesidad de ir a nuevas elecciones. Hay tiempo y margen, otra cosa es saber para que se va a utilizar.

Se mantiene la incógnita de hasta donde querrá forzar la maquina Puigdemont, que hoy se siente fuerte para doblarle el espinazo a ERC. Aunque lo parezca la situación no es exactamente la misma que en octubre pasado. Ahora ya es evidente la contundencia represiva con la que es capaz de responder el estado y nadie puede alegar ignorancia. 

Forzar la maquina va en contra de los esfuerzos que están haciendo las personas encarceladas para recuperar la libertad y aunque la responsabilidad de mantenerlas en prisión siempre será del magistrado instructor, mantener el pulso con el estado puede ser la coartada legal para argumentar el riesgo de reiteración delictiva y mantener así la prisión provisional. Los costes personales serian muy elevados a cambio de nada.

En estos momentos puede existir un pequeño resquicio por el que salir de este círculo vicioso en el que nos han metido. PdeCat y ERC deberían de una vez por todas socializar el coste de explicarle la realidad al independentismo. Y si Puigdemont no esta dispuesto a ello, ERC deberá decidir si asume el coste de hacerlo en solitario a costa de que le cuelguen el sambenito de “gallina del procés”. Estoy seguro que las fuerzas políticas que, desde fuera del independentismo, han apostado por tender puentes le facilitarían ese tránsito. Solo así será posible iniciar un enfriamiento del conflicto y comenzar a pensar en pactar el desacuerdo. Condición imprescindible, aunque no suficiente, para salir de este inmenso empantanamiento.